
- Deja que vuele, que experimente, que se aclare y decida lo que realmente quiere hacer con su vida. Aire, que diría tu amiga. De lo contrario se convertirá en un ser triste y aburrido, y poco a poco perderá la ilusión para terminar echándote a tí la culpa de todo aquello que imaginó y soñó y no pudo hacer por tí. Si le dejas, mira lo que pasará.
Y como el que hace zapping y se para en una escena de la serie televisiva de turno, pudo contemplar a aquel hombre, que había decidido abandonarse.
El estaba con una niña mona y discreta, haciendo planes de boda después de organizar su casa. Había hecho lo correcto, pero sus ojos no reflejaban vida. Cada vez que se cruzaba con Ella se paralizaba y un deseo profundo le confundía. Ella reía como siempre, disfrutaba con su gente, amaba a los suyos. Pero él no podía compartir todo aquello. No pudo más. Fue a buscarla para enmendar su error. Sabía que iba a hacer daño a muchas personas, pero su futuro estaba irremediablemente ligado a Ella. Qué tonto había sido, cuánto tiempo desperdiciado por miedo. Ella, por supuesto, como en toda telenovela mega-rosa que se precie, le estaba esperando.
Ya, pero yo no le había hecho caso a Smirty. Estaba subestimando la capacidad del otro. El engaño pasaba por creer una vez más que mediante mi inteligencia, siempre superior, podría dar un giro espectacular a la situación. Estaba segura de poder manejarle, que pareciese haber soltado el cordel, no sin antes asegurarme de haberlo atado bien al dedo. Así podría volar pero no ecaparse.
- Debes dejar que se vaya y que se equivoque si se tiene que equivocar. Es duro, pero hay que hacerlo. Ya sé que estás cansada. Por eso mismo debes hacerlo. Suelta la cuerda. No la agarres con tanta fuerza. ¡Venga, hazlo!. Mañana te sentirás mejor, y si me he equivocado, enseguida lo sabrás. Has arriesgado, puede que ganes...o no. Así marcha la vida.
