jueves, 31 de julio de 2008

CONFESIÓN

- Cuéntalo Smirty o reventarás. Diles lo que pasó.

- De acuerdo, pero con una condición. No volverás a rondarme el pensamiento. Una vez que lo suelte se acabará todo. Volveré a dormir tranquila y no me acusarás nunca más, no me preguntaré ni una sola vez más si estuvo o no correcto, no me atreveré a pensar si quiera si debo arrepentirme.

- Está bien.

La verdad no sé muy bien cómo pasó. Todo empezó en la barra del bar en la que yo esperaba tranquilamente a unos amigos tomándome una cervecita. Yo estaba allí sentada mirando un poco al infinito con mi cañita y mis aceitunas, sin más expectativas que las de pasar un ratito, cenar y marchar a casa aireada. Llegó él, prácticamente al tiempo que yo. Ni guapo ni feo. Le conocía de vista, alguna vez le ví por ese mismo bar, pero era incapaz de recordar con quién. Esta vez estaba solo. Se sentó a mi lado y pidió otra caña. Yo, distraida, le daba ligeramente la espalda, y en un par de ocasiones me giré hasta coincidir con su mirada. Nos dirigimos sendas sonrisas de "hola que tal, te conozco, no sé de qué", y entre tanto llegaron los míos.


La cosa quedó ahí, yo con mis amigos, charlando, contándo mis aventuras y desventuras, mis viajes, los de mi chico, en fin lo que viene a ser una velada normalita. Y él ahí, en la barra, escuchando sin querer escuchar. Y yo ahí, sentada, pensando a la vez que hablaba "estará de rodríguez, no le apetecía hacerse la cena y ha bajado al bar a tomarse algo para ver a gente, como yo, qué mala es la soledad cuando no se quiere..."
Al cabo de un buen rato, un par de cañas y unas raciones, se fué. Yo, prácticamente detrás, me despedí de mis amigos y cogí el camino de mi casa.

Entonces, sin esperarlo, me crucé con él a la altura del semáforo. No miramos, sonreímos, y me atreví a decir - "Vaya, otra vez coincidimos". A lo que me miró con una tranquilidad pasmosa, y los dientes asomando por los labios. -"Pues sí. A decir verdad, te estaba esperando".

No sé qué cara puse, pero está claro que no fue de desagrado.

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- Vamos a tu casa?- dijo.
- Está bien, vamos. Es por aquí.
Fueron los 200 metros más intensos que he recorrido. Miraba, me miraba. Me temblaban las piernas, me empapé de repente. Intentaba recordar la ropa interior que llevaba, pero no podía acordarme, no había salido preparada para eso. "Bueno, estoy limpia, que es lo que importa. Pero qué tonterías digo, siempre estoy limpia".
Llegamos al portal, abrí la puerta y se puso a mi lado. Al subir las escaleras notaba su paso tan cerca de mi que podía olerle. Olía bien. Abrí la puerta de casa cardiaca. Se quedó en la entrada mientras yo mecánicamente dejaba las llaves en su sitio y al darme la vuelta se me acercó a la altura de mis propios pies. Respirábamos el uno sobre el otro. Me cogió de las caderas y me dijo Sábes cómo me llamo?. - No- respondí. - Yo tampoco sé tu nombre pero ahora no nos importa, verdad?. - A mí no- dije.

En ese momento me empujó hacia él, para que notase lo bien dotado que estaba y para advertirme de que iba a usarlo sin prisas. Metió la mano por debajo de mi falda y me agarró el culo al tiempo que lamía mi cuello, mi barbilla y conseguía introducir su lengua en mi boca. Comenzó a sobarme por debajo de la ropa y con una destreza propia de un mago, me vi completamente desnuda, allí de pie, detrás de la puerta. Sus dedos resbalaban hacia arriba y hacia abajo por mis labios hinchados y húmedos sin dificultad, y entonces no pude remediar hacer un tanto de lo mismo. Me acaricié y le metí mis dedos en su boca. Allí debí enloquecer, porque lo siguiente que recuerdo es que estaba en el suelo de rodillas, con un jugoso manjar entre mis dientes y después de arrancarle literalmente el bermuda (recordé que habría salido a cenar algo solo sin más, sin planes como yo), le obligué a tumbarse boca arriba, cogerme el culo y bajar a la altura de mi chichi. Cuando la relajación de todos mis músculos vaginales señaló que necesitaba más, bajé hasta introducirme su aparato. Pero no me dejó que cabalgase mucho, porque en un vaivén estaba siendo lamida a cuatro patas, y debo decir que entre sus dedos, su lengua, su polla y probablemente algo más que cogimos de mis cajones secretos cuando alcanzamos la habitación, no me quedó un solo hueco libre.
Un orgasmo, el mío. Otro más, mío también. Y un tercero casi calculado, mío y suyo después.
Sonreímos, aliviados. Habíamos roto la maldición de la soledad.


Entonces sucedió. Sonó el teléfono. Era un SMS de mi chico "te echo de menos".
- ¡Mierda!. Smirty, qué vas a hacer ahora? Vas a contarlo? Confías en él? Crees que esta vez habrá entendido tu parte más tuya?. Esa a la que no quieres renunciar porque te respetas y te gustas?
- No, por ahora no puedes confiar, lo sabes. Miente.
No he sabido su nombre, a mí no me importaba, a él tampoco. A los demás menos. Ahora (N) déjame. Ya lo he dicho.

miércoles, 23 de julio de 2008

YO SOLA


- ¿Qué te pasa Smirty, estás bien?
- No, estoy triste
- ¿Por qué?
- Porque me encuentro sola.
- Pero, no lo estás.
- Ya, ya lo sé, pero me siento así, como otras muchas veces.
- ¿Qué te pasó?
- No encuentro a mi media naranja, sobrevivo con la otra mitad. De esa mitad, un cuarto está a 700 kilómetros, otro gajo a unos 3.000, y hoy uno de mis gajos favoritos, ese que tengo pegado a lado derecho del corazón, se desgajó con furia.
- Sabes que es pasajero?
- Si, lo sé, le conozco. Pero mi pena es profunda porque no merecía un desprendimiento así. No en estos momentos. Me preocupo por ese gajo, lo adoro. Sabe que daría lo que fuese por él.
- Reserva el hueco, no te ahogues y espera.
- Ya lo estoy haciendo, entretanto lloro.

lunes, 14 de julio de 2008

Estabas detrás de la puerta

Cómo saber si mi deseo puede llegar a herir tus sentimientos? Por qué me invade este sentimiento de culpabilidad, de infidelidad, si tú me has enseñado a sentir el placer, si tú me has enseñado a saborear el momento?.

El sentido de vacío que me quedó en el corazón al saber de tu pena se torna en puro dolor. No quiero conocer tu tristeza, y si es así, renuncio al placer, aunque forme parte de mi deseo.


Estabas detrás de la puerta, con el alma herida, pero no entraste hasta que supiste que habíamos acabado, hasta que oíste nuestros orgasmos. Nosotros te estábamos esperando, pero no llegabas. Estábamos demasiado calientes, pero no dejamos de pensar en tí. No quiero saborear de nuevo ese placer si tu no estás, o al menos, si no me das tu consentimiento previo para disfrutarlo en tu ausencia.


No me compensa. Tú eres mi paradigma. Tú me has iniciado y me has dado las llaves del palacio de mi lujuria. No te vuelvas a quedar detrás de la puerta.

viernes, 11 de julio de 2008

AHORA QUE NO ESTÁS


Si tú no estás, el mundo seguirá rotando.
Si tú no estás, las mareas seguirán subiendo y las olas llegando a la playa.
Si tú no estás, seguirán naciendo niños y sus risas alegrarán nuestros corazones.
Si tú no estás, la familia seguirá existiendo y sus miembros formarán parte de nuestras vidas.
Si tú no estás, seguiré disfrutando de los días y de las noches al lado de mis amigos.
Si tú no estás, el pan seguirá subiendo piense lo que piense y en la medida que piense.



Ahora que no estás,
la pelirroja no podrá hacerte extremecer con sus besos.

Ahora que no estás,
E.T seguirá visitando nuestros sueños porque el superhéroe dimitió.

Ahora que no estás,
la princesa se ha quedado ante un gran reino pero sin Rey.

Ahora que no estás,
las estrellas llevan tu nombre y a ellas dirigimos nuestros deseos.

Ahora que no estás,
se han congelado las fotos en el álbum.

Ahora que no estás,
¿a quién voy a llamar para explicarle las dificultades por las que pasa mi niña?



¿Sábes tú si las lágrimas también tienen fin?
¿Puedes decirme si es justo que tu ausencia oprima mi corazón y me haga sentir tan sola?



martes, 8 de julio de 2008

A VIVIR QUE SON DOS DÍAS

Esperar, que acabo de decidir que quiero ser brasileño, vestir con mis vaqueritos de marca y mi camiseta t-shirt a la última, llevar una moto negra guapa con un casco mejor y pasarme por Servicios Sociales a quejarme porque me ha parado la Policía para decirme que no me vale mi tarjeta de residencia portuguesa y que, encima, ¡tengo que buscar un trabajo para seguir viviendo en España!, aquí donde no hay trabajo de nada.

Lo más engorroso es que tengo que acercarme a Extranjería, yo con este porte donde están todos los desgraciados escapaos de sus países. Bueno, a ver qué me invento para cuando me pregunten de qué vivo, no les voy a decir que alimento el vicio de una churri con pasta que me mantiene, no vaya a ser que se enteren los foráneos y me levanten a la clienta.

Lo mejor va a ser irme a Portugal, pedir la nacionalidad portuguesa, porque hablo casi como ellos, y volverme con mi tarjeta comunitaria a España a seguir viviendo de la churri. Hala! ahí os quedáis pringaos de mierda, que voy a proponerle a mi benefactora un viajecito relámpago al país vecino. Ciao.

TRES, mi número preferido

Cuando Fran me dijo que me hacía un hueco, entre cita y cita, para el viernes pensé que realmente se había convertido en otra cosa distinta a un amante. Era evidente que era mi gigoló, claro que así era mucho mejor. De esta manera no podía liarme en sentimientos ni en pensamientos de infidelidad: yo pagaba por un servicio que necesitaba, era todo un alivio. A otros le da por beber, por irse a comer con los amigotes, o por comprarse rarezas. A mi por comprar ratos agradables.

Allí, a las 13 horas puntual estaba yo. Un pelín helada porque en pleno Diciembre eso de estar en la sala desnuda, por muy calentorra que llegase, no mantenía mi temperatura corporal. Después de unos cuantos sobes empecé a entrar en calor, o empecé a estar más calentorra, no sé, solo recuerdo que los pies no llegaron a tonificarse en ningún momento.

- Ya está aquí, ha llegado, le digo que pase? -dijo Fran.

- Quién, de qué me hablas?

- Te dije que vinieses el jueves porque ese día él podía hacer frente a tus necesidades. Él ya está aquí. Yo le paso y me voy. Es una cita a ciegas.

- Pero Fran, no sabía nada, no me dijiste nada de esto. No es lo que yo imaginaba. Me va a gustar?

- Creo que sí. Es un portentado.

- Vale, pero no me dejes sola, por si acaso no es mi tipo.

- Bueeeno, me quedo hasta que me hagas una señal.

Entonces, sin más dilación Fran sale de la sala y oigo que dice: "pasa, te está esperando".

Imposible acordarme de todos los pensamientos que circularon por mi cabeza desde que se abrió la puerta hasta que le ví aparecer. Ese tipo de la cabeza rapada desde luego no era mi estilo, pero la incertidumbre, el nerviosismo y aquella famosa frase de mi amiga Pato "you never know where a good fuck is", que repiqueteaba en mi memoria...consiguieron que no fuese capaz de decir que no, que se diese media vuelta y saliese por donde había entrado.

Vale, ya estábamos los tres en la sala. Yo desnuda y ellos dos completa y enteramente vestidos. Claro que no se me ocurrió otra cosa, después de darme los dos besos oficiales de presentación -aquí mi primo, aquí una calentorra-, que decirle "ponte cómodo y quítate el abrigo, que aquí te vas a asfixiar con tanta ropa". Imbécil, eso ya lo va a hacer aunque tú no se lo sugieras, que para eso ha venido.


Pues manos a la obra, mi director me indica el próximo paso porque yo estoy completamente bloqueada.

- Date la vuelta guapa, boca arriba, que voy a relajarte un poquito.- Inmediatamente después le indica al primo - Pedro, masajéale los pies, que los tiene heladitos, con mimo por favor.

Bueno, aquello no pintaba mal, uno sobándome de cintura para arriba y el otro empeñado en los pies -aunque esto más que relajarme me irritaba mucho, no iba yo preparada para un exámen tan minucioso y no me acordaba cuándo me había arreglado las uñas-. Masaje, chuperreteo de pies, de piernas, de muslos, y Fran se retira de la escena con un susurro, "yo me voy un ratito, ahora vuelvo, pórtate bien primo, fóllala bien que es muy exigente".

Dios mío, no te vayas, no he intercambiado ni una frase entera con el primo. Smirty, relájate por favor y disfruta, recuerda "es tu momento". Y entre disfrute y disfrute, vuelve mi querido Fran.

- Cómo vas Pedro?, te estás portando bien?

- Pues creo que voy a necesitar algo de ayuda, sí que tenías razón, es muy exigente.

- Ven falo mío, que parece que falta más actividad por esta zona de aquí arriba. La de abajo está ocupada- dijo Smirty, que ya le había cogido gustillo a la situación.