sábado, 8 de diciembre de 2007

EL TORTURADOR DE MENTES

Hay que ver lo que dan de sí las mentes cuando se las torturan. Lo que viene a continuación fue fruto de la labor de un torturador en toda regla.



"Hoy he aprendido una lección muy importante sobre el comportamiento del ser humano.

El hombre es capaz de hacer el mayor daño posible e inimaginable con tal de superarse asimismo. Y para ello no duda en dañar de manera totalmente gratuita incluso a las personas que le quieren y le admiran. De esta forma, aprovecha para que los demás carguen con sus frustraciones no superadas, poniendo en marcha el famoso truco de la tortilla y haciendo creer al otro que la culpa de todos sus males radica en los fallos de los demás. Así, hasta el hombre de espíritu más elevado, consigue sacarse de encima el problema que le afecta, proyecta toda su rabia, se descarga y finalmente se sale con la suya, que en principio le debe procurar ser más feliz a partir de entonces.

Esto, lejos del principio de compasión, puede adornarse de tal manera que sea imposible discernir entre el “favor” que tratan de hacer a su víctima y el verdadero egoísmo propio de los hombres. Incluso, pueden hacer creer al atacado que parte de su incapacidad para superar ese problema tiene que ver con la mala actitud del otro, que en realidad no es otra cosa que la misma incapacidad y el mismo problema, pues cuando existe reincidencia es bastante fácil imaginar que los dos tienen el mismo problema que superar. Exactamente igual que uno cae ante determinadas circunstancias, el otro cae y recae. Es posible que el pobre de espíritu, además, lo haya deseado antes, pero casi seguro que jamás traicionaría el deseo del otro si no percibiese el mismo deseo.

Si se es un poco inteligente y se tienen tablas, es posible que todo esto se diga y haga en nombre de alguna presencia de carácter superior, bajo sus consejos más directos, y entonces provoquen una total falta de seguridad en la otra persona, que les hará pensar que no sólo son viles humanos sin principios, sino que además son espíritus inferiores jodiendo la vida de otros con más derechos que ellos.

Si además, el inteligente, por su posición y entorno, está bien protegido, el caso está cerrado, pues dormirá y descansará sin ningún problema; al sujeto problemático lo ha sacado de su vida, aunque en su interior sepa que el problema no desaparece tan fácil, pues mañana aparecerá otro pobre de espíritu que le puede hacer pasar por lo mismo.

Algún amigo me dijo que así empezaban las guerras. Debe de ser cierto que cuando un ser humano desea algo que no posee y trata de arrebatarlo por la fuerza, comienza un litigio sin fin. Pero cuando el pobre de espíritu, que también es otro ser humano, es capaz de reconocer la estrategia utilizada por su atacante, no sólo consigue superar el golpe sino que además puede ganar su propia guerra, porque el PERDON seguro que eleva su yo más profundo.

De manera que, en el fondo, la no acción, reacción desmedida y abuso intelectual no parecen el mejor camino para superar frustraciones ni para amar al prójimo. Por el contrario, la paciencia, la ayuda desinteresada y la acción –que a veces implica un esfuerzo desmedido por parte de uno mismo sin necesidad de hacer daño ni de alejar al problemático- pueden ayudar a ser mejor persona y casi seguro mejor ser.

La GUERRA se ha acabado porque ni siquiera va a empezar. A estas alturas, y después de lo que he aprendido sobre el comportamiento humano, prefiero “buscar” la paz
."