martes, 2 de septiembre de 2008

ERASE UNA VEZ...UN SUPERHÉROE

Érase una vez un hombre que vivía en un pequeño pueblecito al lado de una gran ciudad. Un día fue llamado por los hombres de Estado para que diese explicaciones de determinadas conductas reprochables en sus hijos. El hombrecillo, aturdido, no pudo más que pedir sus más sinceras disculpas por aquello, y dar a conocer las penurias y calamidades por las que estaba pasando. Él había abandonado un "Muy Buen Trabajo" en la ciudad para cuidar de su esposa enferma y de sus hijos pequeños.

Se había dedicado en cuerpo y alma a aquel deber, hasta que un buen día no pudo más que ingresar a su querida mujer, enferma mental, y dedicarse a sus hijos que le necesitaban. Venido a menos económicamente, cuidaba de la casa y de los niños como su buen entender le enseñaba, porque a él, hombre, nadie le había educado en esos menesteres. Lamentaba no saber hacerlo mejor, y si sus hijos lanzaban palabras impropias de su edad, no llevaban la raya del pelo bien hecha o se dejaban los deberes sin hacer algún día, era porque él estaba fallando, no podía más. Derrumbado pidió auxilio para poder encarrilar a sus hijos y adecentar su hogar como merecía su familia.

"Se merecían...merecían que a la vuelta les leyese la cartilla a esos mocosos. Mierda de niños. Por más palizas que les pegaba no aprendían. Igual que su mujer, zorra loca. Cómo echaba de menos aquellos días en que llegaba a casa, exhausto de lidiar con altos cargos, para descargar toda su ira contra aquella desgraciada, despojo humano, subnormal y frígida. Ahora se tenía que consolar manteniendo a raya a esos enanos, hijos del demonio, que no le dejaban ver sus películas de adultos a cualquier hora (hasta que les enseñó a verlas con él). Seres que siempre querían comer más. ¿Comer más?, si aún no te lo ganas, te voy a dar yo comida, barra incluida.
¿Que soy qué?, un extraterrestre mango culero, así me ves y me describes?. A ver si se atreve a decírmelo esta noche cuando entre en su habitación y me baje los pantalones...".

Pobre hombre, él, un superviviente en un mundo de mujeres, luchador, amante de sus hijos. Lo que de verdad era... era un Superhéroe. Aquellos hombres no escucharon más. No sabían escuchar pensamientos, no tenían ojos para esos niños, ni oídos para los gritos de la mujer. Ya nadie valora el esfuerzo de los hombres. A éste vamos a darle otra oportunidad.


Nadie me preguntó. De haberlo hecho les hubiese contado que el mal, disfrazado de hombrecillo, me visitó una noche para advertirme y para decirme: "Volveré a hacerlo -sonrisa incluida-, ¿arrepentirme yo?, no. Soy inteligente, me saldré con la mía".