domingo, 10 de junio de 2007

Autoengaño




Ya me lo había advertido Smirty, ella nunca miente. Se puede equivocar pero no miente y sabía que de esta forma no funcionaría.

- Deja que vuele, que experimente, que se aclare y decida lo que realmente quiere hacer con su vida. Aire, que diría tu amiga. De lo contrario se convertirá en un ser triste y aburrido, y poco a poco perderá la ilusión para terminar echándote a tí la culpa de todo aquello que imaginó y soñó y no pudo hacer por tí. Si le dejas, mira lo que pasará.

Y como el que hace zapping y se para en una escena de la serie televisiva de turno, pudo contemplar a aquel hombre, que había decidido abandonarse.

El estaba con una niña mona y discreta, haciendo planes de boda después de organizar su casa. Había hecho lo correcto, pero sus ojos no reflejaban vida. Cada vez que se cruzaba con Ella se paralizaba y un deseo profundo le confundía. Ella reía como siempre, disfrutaba con su gente, amaba a los suyos. Pero él no podía compartir todo aquello. No pudo más. Fue a buscarla para enmendar su error. Sabía que iba a hacer daño a muchas personas, pero su futuro estaba irremediablemente ligado a Ella. Qué tonto había sido, cuánto tiempo desperdiciado por miedo. Ella, por supuesto, como en toda telenovela mega-rosa que se precie, le estaba esperando.

Ya, pero yo no le había hecho caso a Smirty. Estaba subestimando la capacidad del otro. El engaño pasaba por creer una vez más que mediante mi inteligencia, siempre superior, podría dar un giro espectacular a la situación. Estaba segura de poder manejarle, que pareciese haber soltado el cordel, no sin antes asegurarme de haberlo atado bien al dedo. Así podría volar pero no ecaparse.

Ese era el error, el verdadero autoengaño. Smirty lo sabía y yo también. Esa no era la solución. Ahora no reían como antes, el tedio y el silencio eran evidentes. No había conversación interesante que seguir, aunque a modo de consuelo se dijese a si misma que en el fondo no buscaba un compañero de oratoria divina. Solo los escasos momentos de cama tapaban aquella relación medio muerta.

- Debes dejar que se vaya y que se equivoque si se tiene que equivocar. Es duro, pero hay que hacerlo. Ya sé que estás cansada. Por eso mismo debes hacerlo. Suelta la cuerda. No la agarres con tanta fuerza. ¡Venga, hazlo!. Mañana te sentirás mejor, y si me he equivocado, enseguida lo sabrás. Has arriesgado, puede que ganes...o no. Así marcha la vida.


Adiós corazón, buena suerte!

4 comentarios:

Crika dijo...

A ver si para tí, Smirty (a mi me suena a nombre guarro...no se muy bien por qué, jeje) va a ser el alter ego de mi Jekyll (que en realidad debería ser Hyde, pero bueno).
La superioridad intelectual no debe manejar una relación, porque sino no se juega en igualdad de condiciones y, para mí, no es auténtica si no hay espontaneidad.
Animo y a ver si salen de copas tu Smirty y mi Jekyll :D
Un beso

Crika

smirty dijo...

Mi buena amiga Smirty (a veces un poco guarra, es verdad) es mucho más práctica que yo. Cuando le estoy dando vueltas a la cabeza, y vueltas y vueltas y más vueltas, porque para eso soy única. Va Ella y en abrir y cerrar de ojos lo soluciona de la manera más sencilla que pudiese imaginar.
En realidad, la superioridad intelectual no es tal, simplemente es parte del autoengaño, pues te hace creer que dominas la situación.
Le hablaré a Smirty de tu Jekyll, seguro que se anima. No suele decir que no a una cita interesante con cierto toque de intriga y peligrosidad.

Unknown dijo...

Lo malo es la pobre que se queda con un par de narices. El héroe es el que arriesga, pero ¿qué pasa con la que pierde?
Esa es otra historia, triste

Unknown dijo...

Por cierto, la de antes se moi, Gayhetera
www.lacoctelera.com/mariliendre