
Sí, existen y acampan agusto a nuestro alrededor. Se nutren de los miedos ajenos, de su ignorancia y de su debilidad física o intelectual. Utilizan infinitos recursos que les hacen parecer seres inteligentes y desvirtualizan la verdad en un chasquido. Entran, salen, calculan, destruyen. No acarrean una pizca de remordimiento. Matan la frescura, la inocencia y el verdadero amor.
Responden únicamente a sus bajas necesidades y no tienen límites. Se ríen de todo y de todos, porque son conscientes de su fuerza. Pero tienen una debilidad, todos presentan un punto frágil. Sólo hay que indagar, con firmeza, noquear.
Seguiremos golpeando. No nos abatiremos. Aunque aparezcan en nuestros peores sueños anunciando su próxima hazaña. Que les jodan. Nuestro miedo se tornará puño. Nuestros temores valor. Sólo hay que saber que nuestra fuerza es mucho mayor, porque somos muchas más las personas buenas.
Ahora hace falta que los jueces también entren a formar parte del común de las buenas personas, para que la verdad no nos parezca una quimera.
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