- Cuéntalo Smirty o reventarás. Diles lo que pasó.
- De acuerdo, pero con una condición. No volverás a rondarme el pensamiento. Una vez que lo suelte se acabará todo. Volveré a dormir tranquila y no me acusarás nunca más, no me preguntaré ni una sola vez más si estuvo o no correcto, no me atreveré a pensar si quiera si debo arrepentirme.
- Está bien.
La verdad no sé muy bien cómo pasó. Todo empezó en la barra del bar en la que yo esperaba tranquilamente a unos amigos tomándome una cervecita. Yo estaba allí sentada mirando un poco al infinito con mi cañita y mis aceitunas, sin más expectativas que las de pasar un ratito, cenar y marchar a casa aireada. Llegó él, prácticamente al tiempo que yo. Ni guapo ni feo. Le conocía de vista, alguna vez le ví por ese mismo bar, pero era incapaz de recordar con quién. Esta vez estaba solo. Se sentó a mi lado y pidió otra caña. Yo, distraida, le daba ligeramente la espalda, y en un par de ocasiones me giré hasta coincidir con su mirada. Nos dirigimos sendas sonrisas de "hola que tal, te conozco, no sé de qué", y entre tanto llegaron los míos.
La cosa quedó ahí, yo con mis amigos, charlando, contándo mis aventuras y desventuras, mis viajes, los de mi chico, en fin lo que viene a ser una velada normalita. Y él ahí, en la barra, escuchando sin querer escuchar. Y yo ahí, sentada, pensando a la vez que hablaba "estará de rodríguez, no le apetecía hacerse la cena y ha bajado al bar a tomarse algo para ver a gente, como yo, qué mala es la soledad cuando no se quiere..."
Al cabo de un buen rato, un par de cañas y unas raciones, se fué. Yo, prácticamente detrás, me despedí de mis amigos y cogí el camino de mi casa.
Entonces, sin esperarlo, me crucé con él a la altura del semáforo. No miramos, sonreímos, y me atreví a decir - "Vaya, otra vez coincidimos". A lo que me miró con una tranquilidad pasmosa, y los dientes asomando por los labios. -"Pues sí. A decir verdad, te estaba esperando".
No sé qué cara puse, pero está claro que no fue de desagrado.

- Vamos a tu casa?- dijo.
- Está bien, vamos. Es por aquí.
Fueron los 200 metros más intensos que he recorrido. Miraba, me miraba. Me temblaban las piernas, me empapé de repente. Intentaba recordar la ropa interior que llevaba, pero no podía acordarme, no había salido preparada para eso. "Bueno, estoy limpia, que es lo que importa. Pero qué tonterías digo, siempre estoy limpia".
Llegamos al portal, abrí la puerta y se puso a mi lado. Al subir las escaleras notaba su paso tan cerca de mi que podía olerle. Olía bien. Abrí la puerta de casa cardiaca. Se quedó en la entrada mientras yo mecánicamente dejaba las llaves en su sitio y al darme la vuelta se me acercó a la altura de mis propios pies. Respirábamos el uno sobre el otro. Me cogió de las caderas y me dijo Sábes cómo me llamo?. - No- respondí. - Yo tampoco sé tu nombre pero ahora no nos importa, verdad?. - A mí no- dije.
En ese momento me empujó hacia él, para que notase lo bien dotado que estaba y para advertirme de que iba a usarlo sin prisas. Metió la mano por debajo de mi falda y me agarró el culo al tiempo que lamía mi cuello, mi barbilla y conseguía introducir su lengua en mi boca. Comenzó a sobarme por debajo de la ropa y con una destreza propia de un mago, me vi completamente desnuda, allí de pie, detrás de la puerta. Sus dedos resbalaban hacia arriba y hacia abajo por mis labios hinchados y húmedos sin dificultad, y entonces no pude remediar hacer un tanto de lo mismo. Me acaricié y le metí mis dedos en su boca. Allí debí enloquecer, porque lo siguiente que recuerdo es que estaba en el suelo de rodillas, con un jugoso manjar entre mis dientes y después de arrancarle literalmente el bermuda (recordé que habría salido a cenar algo solo sin más, sin planes como yo), le obligué a tumbarse boca arriba, cogerme el culo y bajar a la altura de mi chichi. Cuando la relajación de todos mis músculos vaginales señaló que necesitaba más, bajé hasta introducirme su aparato. Pero no me dejó que cabalgase mucho, porque en un vaivén estaba siendo lamida a cuatro patas, y debo decir que entre sus dedos, su lengua, su polla y probablemente algo más que cogimos de mis cajones secretos cuando alcanzamos la habitación, no me quedó un solo hueco libre.
Un orgasmo, el mío. Otro más, mío también. Y un tercero casi calculado, mío y suyo después.
Sonreímos, aliviados. Habíamos roto la maldición de la soledad.
Entonces sucedió. Sonó el teléfono. Era un SMS de mi chico "te echo de menos".
- ¡Mierda!. Smirty, qué vas a hacer ahora? Vas a contarlo? Confías en él? Crees que esta vez habrá entendido tu parte más tuya?. Esa a la que no quieres renunciar porque te respetas y te gustas?
- No, por ahora no puedes confiar, lo sabes. Miente.
No he sabido su nombre, a mí no me importaba, a él tampoco. A los demás menos. Ahora (N) déjame. Ya lo he dicho.
5 comentarios:
Este post me gusta mucho más que el anterior... es más tu... no se si real o ficción, pero se asemeja a tu yo interior ese que grita “quiero ser libre y compartir lo que siento y quiero… perooo no encuentro con quien…”
Chapó!. Desde que tengo uso de razón voy gritando eso de ¡quiero ser libre!, aunque luego ate cadenas a mis muñecas. Pero he de decirte que el anterior post también era yo, solo que en otro momento. En ese en el que me destruyo pensando que estoy sola, en ese en que necesito rodearme de cariño y mimo...porque la soledad me supera, y no me refiero a estar sola y tranquila, sino a no recibir aquello por lo que creo que estoy trabajando. ¿Que tengo más de lo que creo, que quiero siempre más?. Vaya, puede que ese sea el problema, pero como pienso y analizo mucho (defecto, lo sé), en ocasiones siento que ya me he vuelto a pasar, que de nuevo estoy esperando algo que no debo. No debo esperar que las acciones de los demás se asemejen a las mías. Por ello pago un precio muy caro, te lo aseguro.
pienso....que "eso" mismo, nos pasa a más personas, tanto el observar, analizar y sacar conclusiones, como esperar que los demás actuen en consonancia a como nosotros lo hacemos con ellos. Suele pasar porque cada uno tenemos un prisma con el que miramos nuestras propias acciones y otro diferente para mirar las de los demás. Claro que esa es mi humilde opinión....
No mientas, pero no cuentes nada. No es nada difícil; es simple, como todo.
Besos simples desde abajo.
KOSTAS K: Puede que tengas razón Kostas. Lo que parecía más complicado es lo más simple. Simplificaría mi vida si no me liase tanto, jajaja. Estoy contigo, mentir no es ninguna solución. Pero para decir la verdad, en caso de no tener más remedio, hay que ser un valiente, a veces incluso ¡un inconsciente!.
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