Cuando Fran me dijo que me hacía un hueco, entre cita y cita, para el viernes pensé que realmente se había convertido en otra cosa distinta a un amante. Era evidente que era mi gigoló, claro que así era mucho mejor. De esta manera no podía liarme en sentimientos ni en pensamientos de infidelidad: yo pagaba por un servicio que necesitaba, era todo un alivio. A otros le da por beber, por irse a comer con los amigotes, o por comprarse rarezas. A mi por comprar ratos agradables.
Allí, a las 13 horas puntual estaba yo. Un pelín helada porque en pleno Diciembre eso de estar en la sala desnuda, por muy calentorra que llegase, no mantenía mi temperatura corporal. Después de unos cuantos sobes empecé a entrar en calor, o empecé a estar más calentorra, no sé, solo recuerdo que los pies no llegaron a tonificarse en ningún momento.
- Ya está aquí, ha llegado, le digo que pase? -dijo Fran.
- Quién, de qué me hablas?
- Te dije que vinieses el jueves porque ese día él podía hacer frente a tus necesidades. Él ya está aquí. Yo le paso y me voy. Es una cita a ciegas.
- Pero Fran, no sabía nada, no me dijiste nada de esto. No es lo que yo imaginaba. Me va a gustar?
- Creo que sí. Es un portentado.
- Vale, pero no me dejes sola, por si acaso no es mi tipo.
- Bueeeno, me quedo hasta que me hagas una señal.
Entonces, sin más dilación Fran sale de la sala y oigo que dice: "pasa, te está esperando".
Imposible acordarme de todos los pensamientos que circularon por mi cabeza desde que se abrió la puerta hasta que le ví aparecer. Ese tipo de la cabeza rapada desde luego no era mi estilo, pero la incertidumbre, el nerviosismo y aquella famosa frase de mi amiga Pato "you never know where a good fuck is", que repiqueteaba en mi memoria...consiguieron que no fuese capaz de decir que no, que se diese media vuelta y saliese por donde había entrado.

Vale, ya estábamos los tres en la sala. Yo desnuda y ellos dos completa y enteramente vestidos. Claro que no se me ocurrió otra cosa, después de darme los dos besos oficiales de presentación -aquí mi primo, aquí una calentorra-, que decirle "ponte cómodo y quítate el abrigo, que aquí te vas a asfixiar con tanta ropa". Imbécil, eso ya lo va a hacer aunque tú no se lo sugieras, que para eso ha venido.
Pues manos a la obra, mi director me indica el próximo paso porque yo estoy completamente bloqueada.
- Date la vuelta guapa, boca arriba, que voy a relajarte un poquito.- Inmediatamente después le indica al primo - Pedro, masajéale los pies, que los tiene heladitos, con mimo por favor.
Bueno, aquello no pintaba mal, uno sobándome de cintura para arriba y el otro empeñado en los pies -aunque esto más que relajarme me irritaba mucho, no iba yo preparada para un exámen tan minucioso y no me acordaba cuándo me había arreglado las uñas-. Masaje, chuperreteo de pies, de piernas, de muslos, y Fran se retira de la escena con un susurro, "yo me voy un ratito, ahora vuelvo, pórtate bien primo, fóllala bien que es muy exigente".
Dios mío, no te vayas, no he intercambiado ni una frase entera con el primo. Smirty, relájate por favor y disfruta, recuerda "es tu momento". Y entre disfrute y disfrute, vuelve mi querido Fran.
- Cómo vas Pedro?, te estás portando bien?
- Pues creo que voy a necesitar algo de ayuda, sí que tenías razón, es muy exigente.
- Ven falo mío, que parece que falta más actividad por esta zona de aquí arriba. La de abajo está ocupada- dijo Smirty, que ya le había cogido gustillo a la situación.
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