Si fuera tan simple, lo haría. Si el corazón y la cabeza estuviesen en perfecta sintonía, no dudaría. Pero mi esencia es así.
Dudo de que la razón sea la respuesta a mi tranquilidad.
Dudo de que sea el corazón el que me guíe hacia la felicidad.
Dudo de las buenas intenciones, dudo de las entregas, dudo de las ilusiones, dudo de las palabras, dudo de los silencios, dudo hasta de mis propios sentimientos.
Dudo por dudar, y dudando no termino por decidir dónde pararme. Cuando creo que tengo la seguridad de haber escogido el camino correcto, siempre aparece algún elemento que me hace dudar.
¿Y si estoy empeñada en un sueño imposible?
¿Y si aquello que anhelo no existe o simlemente no me toca vivirlo, y mientras espero estoy perdiendo algo verdadero y real?
¿Y si vuelvo a caer en las mismas dudas?
...dos días después...
Si dudas es posible que no merezca la pena pensar en ello, no lo habías pensado?
Si dudas quizás no sea el momento adecuado para decidir.
Si tienes dudas para discernir entre lo correcto y lo que no lo es, probablemente la oferta no sea la más acertada.
Estudia la oferta, escucha al corazón, anota las dudas y plantea una alternativa ajustada a tu sueño, date tiempo para todo esto y expón el resultado. Sólo así podrás saber si aquello que te ofrecen es lo que tú esperabas.
1 comentario:
Hola, espero que estés bien. Pasaba a desearte felices fiestas.
Besos selváticos.
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