Tenía 28 años cuando pasaba por una de esas crisis dónde te cuestionas todo: qué quieres, con quién quieres estar, qué esperas de la vida, del amor, de tus amigos, qué puedes hacer para mejorar, para encauzar la vida, si esposible dar un giro al presente para cambiar el futuro..., todo era cuestionable, y a falta de un psicólogo,visité a una vidente. Y después de reirse mucho de mí, me dijo que no tratase de cambiar a la gente que me rodeaba, porque eso no era posible, que hiciese lo que hiciese no resultaría, cada cual es como es y por mucho empeño que yo pusiese no serviría de nada, en definitiva, que me buscase otro camino, que tarde o temprano lo haría para encontrar ese cambio.
Unos cuantos años después he podido comprobar cuánta razón tenía aquella mujer. Cambié de marido y de vida, más de una vez y más o menos desafortunadamente, y volvió a ocurrir. No cambio, y no es posible cambiar a los demás para que se ajusten a mí.
No bastaba con que fuesen buenas personas, trabajadores o buenos amantes, necesitaba que me entendiesen, que compartiesen conmigo las ilusiones, las penas, las alegrías. Necesitaba a alguien que no sólo fuese mi pareja sino también mi amigo, y probablemente por algún profundo defecto que albergo, no encuentro al amigo que me haga sentir, ni al buen amante que me entienda.
Cuando doy con un amigo con el que puedo abrirme en canal, al que puedo confesar mis miedos más profundos, mis obsesiones y mis deseos, aquel que se preocupa cuando no estoy bien, cuando paso por dificultades, que deja todo si yo llamo desesperadamente, o simplemente comparte conmigo la alegría de vivir, entonces no consigo que las cosquillas y las mariposas revoloteen en mi estómago. Y como las personas no cambian, no he sido capaz de que mi ser cambie para ellos, no he podido obviar esa parte sin la que voy muriendo poco a poco. He puesto en una balanza los beneficios de seguir al lado de éstos y la necesidad de vibrar, pero no se ha producido en mí esa catarsis, no se vivir sin sentir.
Y a la inversa, mientras se nublan todos mis sentidos al lado del amante perfecto, mi anhelo porque éste me entienda, comparta o simplemente esté a mi lado cuando más le necesito, acaba por agotarme. Éste último caso es mucho más doloroso, porque si el anterior es frustrante, éste generalmente me hiere. A esto tengo que añadir el conocimiento y la experiencia del pasado, por lo que soy consciente de que no cambiará. Pero aún así me empeño, hasta que un buen día, se repite.
Un día cualquiera, en cualquier momento, sale a la luz todo su ser. Sus miedos, su egoísmo, su inmadurez, sus frustraciones, cualquiera que sea el caso y la persona en esos momentos, y la historia se repite. ¿Esto me recuerda a algo, no me pasó ya cuando....?. Sí, es la misma reacción, porque las personas no cambian. Por eso te planteaste una y otra vez seguir a su lado, por eso el camino pasa por quererlos tal y como son, o buscar otro camino. Pero entre tanto, los días pasan y los momentos para compartir se pierden y se olvidan.
Y vuelvo a mi encrucijada. Aquí estoy, en medio de nada, en un cruce donde el cartel de la derecha y el de la izquierda tienen nombre, mientras que si sigo de frente no sé adónde voy a parar. Para un lado me frustro, para el otro desespero, y de frente sigo sola, como hasta ahora, porque haga lo que haga, ése es el último sentimiento que me provoca tan poco cambio.
Y vuelvo a mi encrucijada. Aquí estoy, en medio de nada, en un cruce donde el cartel de la derecha y el de la izquierda tienen nombre, mientras que si sigo de frente no sé adónde voy a parar. Para un lado me frustro, para el otro desespero, y de frente sigo sola, como hasta ahora, porque haga lo que haga, ése es el último sentimiento que me provoca tan poco cambio.
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