Qué tristes son las despedidas, sobre todo si te estás despidiendo de un ser querido, de alguien por el que has reído, llorado, sentido. Alguien al que has amado y hasta has llegado a odiar en algún momento. En definitiva, alguien para el que has vivido.
El dolor del adiós se agudiza cuando la razón, siempre en contra del corazón, te da esa orden. Cuando eres capaz de reconocer que la ruptura es inevitable, que cada uno debe seguir su camino en solitario, que ya se han quemado todos los cartuchos habidos y por haber, y que por más que uno se empeñe, no hay nada que hacer, es más, que lo mejor para ambos es decirse adiós ahora.
Ahora, cuando a base de conocerse, de entenderse y de tolerarse, puedes saber lo que necesita el otro ser, puedes adivinar sin hablar siquiera cuáles son sus deseos y puedes darte cuenta de que el final ha llegado. Por más que quieras a esa persona, y precisamente por eso, en ese momento no debes retenerle más a tu lado, debes permitirle que encuentre aquello que anhela, que viva y experimente y crezca, porque de lo contrario limitarás su felicidad. Es un sentimiento casi maternal, me veo como la "máma" que con todo el dolor de su corazón permite que su hijo se vaya de casa a conocer el mundo, a vivir desprovisto ya de su protección. No quiero que nadie le haga daño, no quiero soltarle porque yo sé cuidarlo bien, sé mimarlo y amarlo, pero no es feliz.
Ahora, sin grandes dramas, aunque con lágrimas, tengo que decirle adiós. Nunca saldrá de mi corazón, siempre estará presente en mí porque siempre le querré, no puede ser de otra manera, y por supuesto, nunca le abandonaré ni le dejaré en la estacada si necesita de mí, de mi consuelo y de mi cariño, se lleva un trocito de mí y me deja un trocito de él. Hasta luego mi amor.
1 comentario:
Después de haber cruzado desiertos inmesos, atravesado montañas inexpugnables y heladas, y navegado por mares tormentosos, después de haber vivido momentos maravillos, y momentos horribles, después de todo eso, sé mi amor, que nada ni nadie conseguirá destruir ni romper el amor tan grande que te tengo.
No sabemos si es lo que conviene, pero siempre serás tu, te has incrustado tan dentro de mi, que siempre estarás aqui, estés lejos o cerca.
Un beso enorme cari, de un alma del averno
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