Cuando menos te lo esperas, lo encuentras. Smirty ha sido mi paciente conciencia a lo largo del camino.
viernes, 3 de octubre de 2008
Qué velada querido amigo
Me gustan estas visitas más o menos improvisadas con las que puedo poner en movimiento a la sinhueso sin miedo al aburrimiento mortal del visitante.
Yo te cuento, tú me cuentas, analizamos juntos y nos reímos de nosotros mismos.
Vuelve cuando quieras. Pero trae a "Ignacio", hace mucho que no le veo. Espero que haya engordado en este tiempo, porque a la plancha hará que nos desmayemos de gusto.
Todo un placer, hasta pronto.
miércoles, 24 de septiembre de 2008
TRES, DOS, UNO....ADIÓS
Rubén nació con la urgencia de vivir rápido. El tiempo que pasaba en la escuela eran horas perdidas, así que decidió salir a trabajar con catorce años. Con dieciocho se fue de casa en busca de un trabajo en solitario, con veinte encontró al amor de su vida y se casó, con venticinco enviudó. Entonces, aquella mañana en que Rosi se fué, su vida se congeló. El tiempo dejó de pasar a la velocidad a la que estaba acostumbrado hasta que finalmente se paró. Aquella mañana, pensó, debío irse con ella.Pero la vida quiso que, a pesar de su huída, a pesar de creer que los años que le quedaban se reducirían a horas traducidos en minutos sin sentido, que su vida estaba estancada en salidas y chicas esporádicas, largas noches, días encerrado en su habitación y borracheras "triátlon", se cruzó por delante de él otra mujer. El reloj comenzó a funcionar de nuevo, empezó a coger ritmo hasta que, en menos de dos años, sus manillas giraban de nuevo. Su vida se acabaría a los 40, de eso estaba seguro, de manera que debía de hacer aún muchas cosas. Eso era lo malo del tiempo, que corría. De lo que no se daba cuenta es que, desde aquella mañana en que se fue Rosi, su corazón también le había abandonado. Empeñado en rivalizar con el tiempo, quería formar su familia, tener su casa, levantar su empresa y todo con el reloj recién arrancado. Su vida se tornó un campeonato y en el devenir del tiempo se olvidó de que había comenzado al lado de una mujer, que le había dado una hija, que reclamaban su presencia en ese mismo instante, no en un futuro.
En su arrebato, en su carrera sin límites, la fatiga, la rabia por el tiempo perdido y el recuerdo de su querida Rosi hicieron que sus esfuerzos se tornaran en verdadero odio por aquella mujer que le había sacado de su lenta cruzada hacia la nada. Por ello, porque el tiempo nubló sus sueños, se quedó de nuevo solo. Un día, su mujer y su hija se separaron de él porque ya no le conocían.
Quiso volver a su habitación, parar de nuevo el reloj, morir en su cama. Pero el tiempo se había empeñado en seguir adelante, aún no había cumplido los cuarenta años. Su tercera mujer le sacó de la cama. No le había dado tiempo a deshacer la maleta. Huyó de nuevo, se fue sin decir adiós y consiguió retrasar cuatro horas su reloj. Pero ya no funcionaba bien. Los días no pasaban al mismo ritmo. Algunos días, no llegaban las noches. Algunas noches eran eternas. Su relación una quimera. En su locura adelantaba los minutos esperando vivir para volver. Volver a aquella mañana en que Rosi se fue. Su corazón, herido de muerte a estas alturas, decidió volar rápido hacia ella, sacrificando para siempre al único pedacito real y verdadero que había construido. Apretó el gatillo sin decir adiós.
miércoles, 17 de septiembre de 2008
MIS TESOROS
No sé de dónde viene la frase "quien tienen un amigo tiene un tesoro", probablemente sea un proverbio chino o indio, que son muy dados a los consejos sobre los valores humanos.
El caso es que así lo siento, por ello creo que debo cuidarles. Con ellos río, lloro, me consuelo, me desahogo. Y por ellos, en ocasiones, vivo y sufro. Qué se le va a hacer, soy así de dramática.
Tengo varios grupos de amigos, según el grado de compicidad o afinidad, la asiduidad en nuestras relaciones y el tiempo que llevo a su lado.
Así he llegado a recoger hasta 4 clases de amigos:
- Los de toda la vida, que llevan a mi lado desde que tengo uso de razón. Suelen sufrir conmigo en la lejanía y a ellos me dirijo siempre que necesito sentir el calor de la amistad. Por el contrario, paradójicamente, suelen ser a los que menos veo y a los que tengo más abandonados. Será por aquello de que la confianza da asco. Les quiero como si fueran de mi misma sangre y han sufrido a mi lado estoicamente cada una de las etapas y capítulos que decidido ecribir en mi vida.
- Los íntimos, aquellos a los que confío mis secretos, pensamientos, confusiones, alegrías y penas. Nacieron en distintas etapas, lugares y momentos de mi historia. Les une el grado de confianza y sinceridad con que podemos tratarnos, así como la sensación de que seguirán ahí y se unirán al carro de los pimeros con el tiempo. A algunos siquiera les veo todo lo que me gustaría, pero son y están.
- Los buenos amigos. Con los que paso muchos momentos y mucho tiempo. A los que dedico el ahora y los que me aguantan el presente. En su mayoría cercanos física y confidencialmente. A los que se conoce bien por razones de trabajo o de vecindad y auténticos proyectos de amigos íntimos. Sólo el tiempo y el conocimiento mutuo harán que pasen a ser de uno u otro grupo. Sin embargo, suelen ser ellos los que más me preocupan y por los que más sufro. Imagino que la cercanía hace que ocupen más mi espacio y por esa razón cuento con ellos para el día a día en mayor grado. Son los primeros en saber de mis tragedias y de mis alegrías, y con los que comparto fiestas y duelos. Con los que me río y cabreo por aquello de que el roce hace la unión. Y de los que me aparto silenciosamente cuando, tras muchas afinidades, surge la irremediable diferencia. No por esto último abandono a los que considero buenos amigos. Creo en la amistad verdadera, que es, por experiencia, la que lima diferencias, la que llena mi alma y por la que, cuando haces recuento, te das cuenta de los amigos tan raros y varipintos que tienes.
- Por último están los amigos que quedan por venir. Personas que acaban de hacer aparición en mi vida y con las que intuyo tendré más de una charla. Y alguno, seguro, que aún no conozco.
Tampoco sé de dónde viene el refrán aquel de tener amigos hasta en el infierno, este pensador sin duda era un prgmático, pero sin ellos la vida debe ser un verdadero calvario. Estoy orgullosa de todos mis amigos (con sus virtudes y sus defectos), y decididamente, les necesito para ser feliz y sentirme plena.
viernes, 12 de septiembre de 2008
CREO EN TI
martes, 2 de septiembre de 2008
ERASE UNA VEZ...UN SUPERHÉROE
domingo, 17 de agosto de 2008
EL MAL DE LA ENVIDIA
DEFINICIÓN: Tener envidia. Lamentar el bien ajeno. Desear o apetecer para sí lo que otro tiene.
SINÓNIMOS: Ambicionar, anhelar, ansiar, apetecer, codiciar, desear, querer, incitar, resentirse, disgustarse, consumirse, rivalizar.
Después de leer algún comentario ajeno, me he puesto a analizar. ¿Sufro de envidia?. Y después de un rato, pensándolo bien, creo que descarto la idea de ser envidiosa en el sentido más despectivo de la palabra.
No lamento el bien ajeno. Al contrario, me alegro de que los demás disfruten de lo que tienen, porque en la mayoría de los casos se lo merecen y se lo han currado.
Puede que sí, que en algún momento desee para mí esa felicidad ajena, la complicidad de la que disfrutan unos y otros, pero eso es más parecido al anhelo, porque en el fondo todos deseamos encontrar con quien compartir sentimientos, momentos, lugares.... Quién no ha deseado la felicidad personificada en los demás alguna vez?. Decididamente no. Ésta sería envidia de la "buena". Deseo que los demás sigan disfrutando de ese logro por mucho tiempo.
No intento rivalizar para conseguir aquello que alcanzaron otros. Si con rivalizar se entiende utilizar cualquier método por maquiavélico que sea. Yo me trabajo lo que creo que merece la pena, y soy capaz de compartirlo pensando en los demás, no soy codiciosa. Entonces, tampoco soy envidiosa.
Resentirse, consumirse, incitar (a algo perverso entiendo), no creo que lo haya exteriorizado nunca. Cuando me resiento por algo, me refugio. Cuando algo me consume, me cabreo conmigo misma, y soy incapaz de incitar a nadie contra nadie y contra nada. ¿Que me quejo?, esa es la única vía de expresión que llego a utilizar cuando algo no me parece correcto. Pero contra ese defecto, siempre se me puede replicar. De ahí nace la discusión y hasta el entendimiento. No de la envidia.
El silogismo quedaría:
Si
No lamento el bien ajeno
No ambiciono
No rivalizo
No incito al mal
Luego
No soy de naturaleza envidiosa
Qué es lo que siento entonces, si no es envidia?. Simplemente pena por lo que no es.
En varias ocasiones, en distintos lugares y distintas personas, me dijeron: prepárate porque la negatividad te llegará en forma de envidias. Levantas envidias y no sabes por qué. Nunca le di importancia, pero empecé a prestar atención. Nunca se me pasó por la cabeza que la envidiosa fuese yo. Es más, ahora puedo gritarlo a pulmón abierto !No soy envidiosa!... ni tampoco rencorosa.
miércoles, 6 de agosto de 2008
PIDE UN DESEO
- Smirty
- Hombre o mujer?
- Esta vez... mujer
- Qué buscas?
- El secreto de la comprensión
- Vaya, no podías haber pedido otro deseo? Este es harto complicado.
- Lo sé. Lo necesito.
- Por qué?
- Porque creo que he fallado. No me entienden y no entiendo.
- Hay sintonía?
- En estos momentos lo dudo. Creí que había.
- No lo vas a conseguir.
- Por qué?
- Porque para que ese deseo funcione se necesita que sea percibido como una necesidad por los dos, y tú, sabes si la otra parte lo necesita?
- No.
- Has pensado por qué se escapó la sintonía. Existe algún elemento que no hayas tenido en cuenta?
- No lo sé. No consigo averiguarlo. Pero prefiero pensar que no hay más mierda alrededor. Siento que no tuve la conversación adecuada. Aunque sea más fácil pensar que la culpa es de algo extraño.
- Entonces solo te queda una solución. Debes pedir perdón.
- Ya lo hice.
- No. Sólo debes decir que lo sientes. Dá igual por qué, no des más explicaciones. Al final es eso. De verdad lo sientes, sientes que no haya entendimiento porque no quisiste que terminase así. Porque tú no eres así. Acaso eres rencorosa?
- No, claro que no lo soy. Es más, intento aprender de mis experiencias anteriores, aunque no siempre lo consiga. Tengo más cuidado o menos dependiendo de la persona que tenga delante, en función del conocimiento que tengo de ella. Eso es rencor?
- No, Yo tampoco lo creo.
- No he sido capaz de transmitir lo que me pasa, lo que siento y al contrario he levantado un muro a mi alrededor. Qué idiota!
- Si quieres inténtalo, a estas alturas no puedes perder más.
- Está bien, lo haré.
jueves, 31 de julio de 2008
CONFESIÓN
- Cuéntalo Smirty o reventarás. Diles lo que pasó.
- De acuerdo, pero con una condición. No volverás a rondarme el pensamiento. Una vez que lo suelte se acabará todo. Volveré a dormir tranquila y no me acusarás nunca más, no me preguntaré ni una sola vez más si estuvo o no correcto, no me atreveré a pensar si quiera si debo arrepentirme.
- Está bien.
Entonces, sin esperarlo, me crucé con él a la altura del semáforo. No miramos, sonreímos, y me atreví a decir - "Vaya, otra vez coincidimos". A lo que me miró con una tranquilidad pasmosa, y los dientes asomando por los labios. -"Pues sí. A decir verdad, te estaba esperando".

miércoles, 23 de julio de 2008
YO SOLA

- No, estoy triste
- ¿Por qué?
- Porque me encuentro sola.
- Pero, no lo estás.
- Ya, ya lo sé, pero me siento así, como otras muchas veces.
- ¿Qué te pasó?
- No encuentro a mi media naranja, sobrevivo con la otra mitad. De esa mitad, un cuarto está a 700 kilómetros, otro gajo a unos 3.000, y hoy uno de mis gajos favoritos, ese que tengo pegado a lado derecho del corazón, se desgajó con furia.
- Sabes que es pasajero?
- Si, lo sé, le conozco. Pero mi pena es profunda porque no merecía un desprendimiento así. No en estos momentos. Me preocupo por ese gajo, lo adoro. Sabe que daría lo que fuese por él.
- Reserva el hueco, no te ahogues y espera.
- Ya lo estoy haciendo, entretanto lloro.
lunes, 14 de julio de 2008
Estabas detrás de la puerta



