miércoles, 24 de septiembre de 2008

TRES, DOS, UNO....ADIÓS

Me veo en la necesidad de escribir una historia que no es la mía, es la historia de un hombre que vivió en constante lucha con el tiempo. Quizás con ello acelere el preceso del olvido que sólo cura este factor, o tan sólo congele en unas letras el tiempo pasado de una vida pretérita, o todo esto, quizás sólo me sirva para perder el tiempo. Da igual.

Rubén nació con la urgencia de vivir rápido. El tiempo que pasaba en la escuela eran horas perdidas, así que decidió salir a trabajar con catorce años. Con dieciocho se fue de casa en busca de un trabajo en solitario, con veinte encontró al amor de su vida y se casó, con venticinco enviudó. Entonces, aquella mañana en que Rosi se fué, su vida se congeló. El tiempo dejó de pasar a la velocidad a la que estaba acostumbrado hasta que finalmente se paró. Aquella mañana, pensó, debío irse con ella.

Pero la vida quiso que, a pesar de su huída, a pesar de creer que los años que le quedaban se reducirían a horas traducidos en minutos sin sentido, que su vida estaba estancada en salidas y chicas esporádicas, largas noches, días encerrado en su habitación y borracheras "triátlon", se cruzó por delante de él otra mujer. El reloj comenzó a funcionar de nuevo, empezó a coger ritmo hasta que, en menos de dos años, sus manillas giraban de nuevo. Su vida se acabaría a los 40, de eso estaba seguro, de manera que debía de hacer aún muchas cosas. Eso era lo malo del tiempo, que corría. De lo que no se daba cuenta es que, desde aquella mañana en que se fue Rosi, su corazón también le había abandonado. Empeñado en rivalizar con el tiempo, quería formar su familia, tener su casa, levantar su empresa y todo con el reloj recién arrancado. Su vida se tornó un campeonato y en el devenir del tiempo se olvidó de que había comenzado al lado de una mujer, que le había dado una hija, que reclamaban su presencia en ese mismo instante, no en un futuro.

En su arrebato, en su carrera sin límites, la fatiga, la rabia por el tiempo perdido y el recuerdo de su querida Rosi hicieron que sus esfuerzos se tornaran en verdadero odio por aquella mujer que le había sacado de su lenta cruzada hacia la nada. Por ello, porque el tiempo nubló sus sueños, se quedó de nuevo solo. Un día, su mujer y su hija se separaron de él porque ya no le conocían.

Quiso volver a su habitación, parar de nuevo el reloj, morir en su cama. Pero el tiempo se había empeñado en seguir adelante, aún no había cumplido los cuarenta años. Su tercera mujer le sacó de la cama. No le había dado tiempo a deshacer la maleta. Huyó de nuevo, se fue sin decir adiós y consiguió retrasar cuatro horas su reloj. Pero ya no funcionaba bien. Los días no pasaban al mismo ritmo. Algunos días, no llegaban las noches. Algunas noches eran eternas. Su relación una quimera. En su locura adelantaba los minutos esperando vivir para volver. Volver a aquella mañana en que Rosi se fue. Su corazón, herido de muerte a estas alturas, decidió volar rápido hacia ella, sacrificando para siempre al único pedacito real y verdadero que había construido. Apretó el gatillo sin decir adiós.

FIN (36 años).

miércoles, 17 de septiembre de 2008

MIS TESOROS



No sé de dónde viene la frase "quien tienen un amigo tiene un tesoro", probablemente sea un proverbio chino o indio, que son muy dados a los consejos sobre los valores humanos.

El caso es que así lo siento, por ello creo que debo cuidarles. Con ellos río, lloro, me consuelo, me desahogo. Y por ellos, en ocasiones, vivo y sufro. Qué se le va a hacer, soy así de dramática.

Tengo varios grupos de amigos, según el grado de compicidad o afinidad, la asiduidad en nuestras relaciones y el tiempo que llevo a su lado.

Así he llegado a recoger hasta 4 clases de amigos:

  1. Los de toda la vida, que llevan a mi lado desde que tengo uso de razón. Suelen sufrir conmigo en la lejanía y a ellos me dirijo siempre que necesito sentir el calor de la amistad. Por el contrario, paradójicamente, suelen ser a los que menos veo y a los que tengo más abandonados. Será por aquello de que la confianza da asco. Les quiero como si fueran de mi misma sangre y han sufrido a mi lado estoicamente cada una de las etapas y capítulos que decidido ecribir en mi vida.

  2. Los íntimos, aquellos a los que confío mis secretos, pensamientos, confusiones, alegrías y penas. Nacieron en distintas etapas, lugares y momentos de mi historia. Les une el grado de confianza y sinceridad con que podemos tratarnos, así como la sensación de que seguirán ahí y se unirán al carro de los pimeros con el tiempo. A algunos siquiera les veo todo lo que me gustaría, pero son y están.

  3. Los buenos amigos. Con los que paso muchos momentos y mucho tiempo. A los que dedico el ahora y los que me aguantan el presente. En su mayoría cercanos física y confidencialmente. A los que se conoce bien por razones de trabajo o de vecindad y auténticos proyectos de amigos íntimos. Sólo el tiempo y el conocimiento mutuo harán que pasen a ser de uno u otro grupo. Sin embargo, suelen ser ellos los que más me preocupan y por los que más sufro. Imagino que la cercanía hace que ocupen más mi espacio y por esa razón cuento con ellos para el día a día en mayor grado. Son los primeros en saber de mis tragedias y de mis alegrías, y con los que comparto fiestas y duelos. Con los que me río y cabreo por aquello de que el roce hace la unión. Y de los que me aparto silenciosamente cuando, tras muchas afinidades, surge la irremediable diferencia. No por esto último abandono a los que considero buenos amigos. Creo en la amistad verdadera, que es, por experiencia, la que lima diferencias, la que llena mi alma y por la que, cuando haces recuento, te das cuenta de los amigos tan raros y varipintos que tienes.

  4. Por último están los amigos que quedan por venir. Personas que acaban de hacer aparición en mi vida y con las que intuyo tendré más de una charla. Y alguno, seguro, que aún no conozco.
La pareja-amigo no entra dentro de ninguna de estas clases de amigos y ésta, por sí misma, forma un grupo aparte y a ella debería dedicarle un post, o dos, o tres...

Tampoco sé de dónde viene el refrán aquel de tener amigos hasta en el infierno, este pensador sin duda era un prgmático, pero sin ellos la vida debe ser un verdadero calvario. Estoy orgullosa de todos mis amigos (con sus virtudes y sus defectos), y decididamente, les necesito para ser feliz y sentirme plena.

viernes, 12 de septiembre de 2008

CREO EN TI


Creo en el Ser Humano. Creo en su poder de sufrimiento y superación. Creo que el Hombre es fuerte, y la Mujer más. Creo en tí.

Para tí

martes, 2 de septiembre de 2008

ERASE UNA VEZ...UN SUPERHÉROE

Érase una vez un hombre que vivía en un pequeño pueblecito al lado de una gran ciudad. Un día fue llamado por los hombres de Estado para que diese explicaciones de determinadas conductas reprochables en sus hijos. El hombrecillo, aturdido, no pudo más que pedir sus más sinceras disculpas por aquello, y dar a conocer las penurias y calamidades por las que estaba pasando. Él había abandonado un "Muy Buen Trabajo" en la ciudad para cuidar de su esposa enferma y de sus hijos pequeños.

Se había dedicado en cuerpo y alma a aquel deber, hasta que un buen día no pudo más que ingresar a su querida mujer, enferma mental, y dedicarse a sus hijos que le necesitaban. Venido a menos económicamente, cuidaba de la casa y de los niños como su buen entender le enseñaba, porque a él, hombre, nadie le había educado en esos menesteres. Lamentaba no saber hacerlo mejor, y si sus hijos lanzaban palabras impropias de su edad, no llevaban la raya del pelo bien hecha o se dejaban los deberes sin hacer algún día, era porque él estaba fallando, no podía más. Derrumbado pidió auxilio para poder encarrilar a sus hijos y adecentar su hogar como merecía su familia.

"Se merecían...merecían que a la vuelta les leyese la cartilla a esos mocosos. Mierda de niños. Por más palizas que les pegaba no aprendían. Igual que su mujer, zorra loca. Cómo echaba de menos aquellos días en que llegaba a casa, exhausto de lidiar con altos cargos, para descargar toda su ira contra aquella desgraciada, despojo humano, subnormal y frígida. Ahora se tenía que consolar manteniendo a raya a esos enanos, hijos del demonio, que no le dejaban ver sus películas de adultos a cualquier hora (hasta que les enseñó a verlas con él). Seres que siempre querían comer más. ¿Comer más?, si aún no te lo ganas, te voy a dar yo comida, barra incluida.
¿Que soy qué?, un extraterrestre mango culero, así me ves y me describes?. A ver si se atreve a decírmelo esta noche cuando entre en su habitación y me baje los pantalones...".

Pobre hombre, él, un superviviente en un mundo de mujeres, luchador, amante de sus hijos. Lo que de verdad era... era un Superhéroe. Aquellos hombres no escucharon más. No sabían escuchar pensamientos, no tenían ojos para esos niños, ni oídos para los gritos de la mujer. Ya nadie valora el esfuerzo de los hombres. A éste vamos a darle otra oportunidad.


Nadie me preguntó. De haberlo hecho les hubiese contado que el mal, disfrazado de hombrecillo, me visitó una noche para advertirme y para decirme: "Volveré a hacerlo -sonrisa incluida-, ¿arrepentirme yo?, no. Soy inteligente, me saldré con la mía".

domingo, 17 de agosto de 2008

EL MAL DE LA ENVIDIA

DEFINICIÓN: Tener envidia. Lamentar el bien ajeno. Desear o apetecer para sí lo que otro tiene.

SINÓNIMOS: Ambicionar, anhelar, ansiar, apetecer, codiciar, desear, querer, incitar, resentirse, disgustarse, consumirse, rivalizar.

Después de leer algún comentario ajeno, me he puesto a analizar. ¿Sufro de envidia?. Y después de un rato, pensándolo bien, creo que descarto la idea de ser envidiosa en el sentido más despectivo de la palabra.

No lamento el bien ajeno. Al contrario, me alegro de que los demás disfruten de lo que tienen, porque en la mayoría de los casos se lo merecen y se lo han currado.

Puede que sí, que en algún momento desee para mí esa felicidad ajena, la complicidad de la que disfrutan unos y otros, pero eso es más parecido al anhelo, porque en el fondo todos deseamos encontrar con quien compartir sentimientos, momentos, lugares.... Quién no ha deseado la felicidad personificada en los demás alguna vez?. Decididamente no. Ésta sería envidia de la "buena". Deseo que los demás sigan disfrutando de ese logro por mucho tiempo.

No intento rivalizar para conseguir aquello que alcanzaron otros. Si con rivalizar se entiende utilizar cualquier método por maquiavélico que sea. Yo me trabajo lo que creo que merece la pena, y soy capaz de compartirlo pensando en los demás, no soy codiciosa. Entonces, tampoco soy envidiosa.

Resentirse, consumirse, incitar (a algo perverso entiendo), no creo que lo haya exteriorizado nunca. Cuando me resiento por algo, me refugio. Cuando algo me consume, me cabreo conmigo misma, y soy incapaz de incitar a nadie contra nadie y contra nada. ¿Que me quejo?, esa es la única vía de expresión que llego a utilizar cuando algo no me parece correcto. Pero contra ese defecto, siempre se me puede replicar. De ahí nace la discusión y hasta el entendimiento. No de la envidia.



El silogismo quedaría:

Si

No lamento el bien ajeno
No ambiciono
No rivalizo
No incito al mal

Luego

No soy de naturaleza envidiosa

Qué es lo que siento entonces, si no es envidia?. Simplemente pena por lo que no es.

En varias ocasiones, en distintos lugares y distintas personas, me dijeron: prepárate porque la negatividad te llegará en forma de envidias. Levantas envidias y no sabes por qué. Nunca le di importancia, pero empecé a prestar atención. Nunca se me pasó por la cabeza que la envidiosa fuese yo. Es más, ahora puedo gritarlo a pulmón abierto !No soy envidiosa!... ni tampoco rencorosa.

miércoles, 6 de agosto de 2008

PIDE UN DESEO

- Quién eres?
- Smirty
- Hombre o mujer?
- Esta vez... mujer
- Qué buscas?
- El secreto de la comprensión
- Vaya, no podías haber pedido otro deseo? Este es harto complicado.
- Lo sé. Lo necesito.
- Por qué?
- Porque creo que he fallado. No me entienden y no entiendo.
- Hay sintonía?
- En estos momentos lo dudo. Creí que había.
- No lo vas a conseguir.
- Por qué?
- Porque para que ese deseo funcione se necesita que sea percibido como una necesidad por los dos, y tú, sabes si la otra parte lo necesita?
- No.
- Has pensado por qué se escapó la sintonía. Existe algún elemento que no hayas tenido en cuenta?
- No lo sé. No consigo averiguarlo. Pero prefiero pensar que no hay más mierda alrededor. Siento que no tuve la conversación adecuada. Aunque sea más fácil pensar que la culpa es de algo extraño.
- Entonces solo te queda una solución. Debes pedir perdón.
- Ya lo hice.
- No. Sólo debes decir que lo sientes. Dá igual por qué, no des más explicaciones. Al final es eso. De verdad lo sientes, sientes que no haya entendimiento porque no quisiste que terminase así. Porque tú no eres así. Acaso eres rencorosa?
- No, claro que no lo soy. Es más, intento aprender de mis experiencias anteriores, aunque no siempre lo consiga. Tengo más cuidado o menos dependiendo de la persona que tenga delante, en función del conocimiento que tengo de ella. Eso es rencor?
- No, Yo tampoco lo creo.
- No he sido capaz de transmitir lo que me pasa, lo que siento y al contrario he levantado un muro a mi alrededor. Qué idiota!
- Si quieres inténtalo, a estas alturas no puedes perder más.
- Está bien, lo haré.

jueves, 31 de julio de 2008

CONFESIÓN

- Cuéntalo Smirty o reventarás. Diles lo que pasó.

- De acuerdo, pero con una condición. No volverás a rondarme el pensamiento. Una vez que lo suelte se acabará todo. Volveré a dormir tranquila y no me acusarás nunca más, no me preguntaré ni una sola vez más si estuvo o no correcto, no me atreveré a pensar si quiera si debo arrepentirme.

- Está bien.

La verdad no sé muy bien cómo pasó. Todo empezó en la barra del bar en la que yo esperaba tranquilamente a unos amigos tomándome una cervecita. Yo estaba allí sentada mirando un poco al infinito con mi cañita y mis aceitunas, sin más expectativas que las de pasar un ratito, cenar y marchar a casa aireada. Llegó él, prácticamente al tiempo que yo. Ni guapo ni feo. Le conocía de vista, alguna vez le ví por ese mismo bar, pero era incapaz de recordar con quién. Esta vez estaba solo. Se sentó a mi lado y pidió otra caña. Yo, distraida, le daba ligeramente la espalda, y en un par de ocasiones me giré hasta coincidir con su mirada. Nos dirigimos sendas sonrisas de "hola que tal, te conozco, no sé de qué", y entre tanto llegaron los míos.


La cosa quedó ahí, yo con mis amigos, charlando, contándo mis aventuras y desventuras, mis viajes, los de mi chico, en fin lo que viene a ser una velada normalita. Y él ahí, en la barra, escuchando sin querer escuchar. Y yo ahí, sentada, pensando a la vez que hablaba "estará de rodríguez, no le apetecía hacerse la cena y ha bajado al bar a tomarse algo para ver a gente, como yo, qué mala es la soledad cuando no se quiere..."
Al cabo de un buen rato, un par de cañas y unas raciones, se fué. Yo, prácticamente detrás, me despedí de mis amigos y cogí el camino de mi casa.

Entonces, sin esperarlo, me crucé con él a la altura del semáforo. No miramos, sonreímos, y me atreví a decir - "Vaya, otra vez coincidimos". A lo que me miró con una tranquilidad pasmosa, y los dientes asomando por los labios. -"Pues sí. A decir verdad, te estaba esperando".

No sé qué cara puse, pero está claro que no fue de desagrado.

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- Vamos a tu casa?- dijo.
- Está bien, vamos. Es por aquí.
Fueron los 200 metros más intensos que he recorrido. Miraba, me miraba. Me temblaban las piernas, me empapé de repente. Intentaba recordar la ropa interior que llevaba, pero no podía acordarme, no había salido preparada para eso. "Bueno, estoy limpia, que es lo que importa. Pero qué tonterías digo, siempre estoy limpia".
Llegamos al portal, abrí la puerta y se puso a mi lado. Al subir las escaleras notaba su paso tan cerca de mi que podía olerle. Olía bien. Abrí la puerta de casa cardiaca. Se quedó en la entrada mientras yo mecánicamente dejaba las llaves en su sitio y al darme la vuelta se me acercó a la altura de mis propios pies. Respirábamos el uno sobre el otro. Me cogió de las caderas y me dijo Sábes cómo me llamo?. - No- respondí. - Yo tampoco sé tu nombre pero ahora no nos importa, verdad?. - A mí no- dije.

En ese momento me empujó hacia él, para que notase lo bien dotado que estaba y para advertirme de que iba a usarlo sin prisas. Metió la mano por debajo de mi falda y me agarró el culo al tiempo que lamía mi cuello, mi barbilla y conseguía introducir su lengua en mi boca. Comenzó a sobarme por debajo de la ropa y con una destreza propia de un mago, me vi completamente desnuda, allí de pie, detrás de la puerta. Sus dedos resbalaban hacia arriba y hacia abajo por mis labios hinchados y húmedos sin dificultad, y entonces no pude remediar hacer un tanto de lo mismo. Me acaricié y le metí mis dedos en su boca. Allí debí enloquecer, porque lo siguiente que recuerdo es que estaba en el suelo de rodillas, con un jugoso manjar entre mis dientes y después de arrancarle literalmente el bermuda (recordé que habría salido a cenar algo solo sin más, sin planes como yo), le obligué a tumbarse boca arriba, cogerme el culo y bajar a la altura de mi chichi. Cuando la relajación de todos mis músculos vaginales señaló que necesitaba más, bajé hasta introducirme su aparato. Pero no me dejó que cabalgase mucho, porque en un vaivén estaba siendo lamida a cuatro patas, y debo decir que entre sus dedos, su lengua, su polla y probablemente algo más que cogimos de mis cajones secretos cuando alcanzamos la habitación, no me quedó un solo hueco libre.
Un orgasmo, el mío. Otro más, mío también. Y un tercero casi calculado, mío y suyo después.
Sonreímos, aliviados. Habíamos roto la maldición de la soledad.


Entonces sucedió. Sonó el teléfono. Era un SMS de mi chico "te echo de menos".
- ¡Mierda!. Smirty, qué vas a hacer ahora? Vas a contarlo? Confías en él? Crees que esta vez habrá entendido tu parte más tuya?. Esa a la que no quieres renunciar porque te respetas y te gustas?
- No, por ahora no puedes confiar, lo sabes. Miente.
No he sabido su nombre, a mí no me importaba, a él tampoco. A los demás menos. Ahora (N) déjame. Ya lo he dicho.

miércoles, 23 de julio de 2008

YO SOLA


- ¿Qué te pasa Smirty, estás bien?
- No, estoy triste
- ¿Por qué?
- Porque me encuentro sola.
- Pero, no lo estás.
- Ya, ya lo sé, pero me siento así, como otras muchas veces.
- ¿Qué te pasó?
- No encuentro a mi media naranja, sobrevivo con la otra mitad. De esa mitad, un cuarto está a 700 kilómetros, otro gajo a unos 3.000, y hoy uno de mis gajos favoritos, ese que tengo pegado a lado derecho del corazón, se desgajó con furia.
- Sabes que es pasajero?
- Si, lo sé, le conozco. Pero mi pena es profunda porque no merecía un desprendimiento así. No en estos momentos. Me preocupo por ese gajo, lo adoro. Sabe que daría lo que fuese por él.
- Reserva el hueco, no te ahogues y espera.
- Ya lo estoy haciendo, entretanto lloro.

lunes, 14 de julio de 2008

Estabas detrás de la puerta

Cómo saber si mi deseo puede llegar a herir tus sentimientos? Por qué me invade este sentimiento de culpabilidad, de infidelidad, si tú me has enseñado a sentir el placer, si tú me has enseñado a saborear el momento?.

El sentido de vacío que me quedó en el corazón al saber de tu pena se torna en puro dolor. No quiero conocer tu tristeza, y si es así, renuncio al placer, aunque forme parte de mi deseo.


Estabas detrás de la puerta, con el alma herida, pero no entraste hasta que supiste que habíamos acabado, hasta que oíste nuestros orgasmos. Nosotros te estábamos esperando, pero no llegabas. Estábamos demasiado calientes, pero no dejamos de pensar en tí. No quiero saborear de nuevo ese placer si tu no estás, o al menos, si no me das tu consentimiento previo para disfrutarlo en tu ausencia.


No me compensa. Tú eres mi paradigma. Tú me has iniciado y me has dado las llaves del palacio de mi lujuria. No te vuelvas a quedar detrás de la puerta.

viernes, 11 de julio de 2008

AHORA QUE NO ESTÁS


Si tú no estás, el mundo seguirá rotando.
Si tú no estás, las mareas seguirán subiendo y las olas llegando a la playa.
Si tú no estás, seguirán naciendo niños y sus risas alegrarán nuestros corazones.
Si tú no estás, la familia seguirá existiendo y sus miembros formarán parte de nuestras vidas.
Si tú no estás, seguiré disfrutando de los días y de las noches al lado de mis amigos.
Si tú no estás, el pan seguirá subiendo piense lo que piense y en la medida que piense.



Ahora que no estás,
la pelirroja no podrá hacerte extremecer con sus besos.

Ahora que no estás,
E.T seguirá visitando nuestros sueños porque el superhéroe dimitió.

Ahora que no estás,
la princesa se ha quedado ante un gran reino pero sin Rey.

Ahora que no estás,
las estrellas llevan tu nombre y a ellas dirigimos nuestros deseos.

Ahora que no estás,
se han congelado las fotos en el álbum.

Ahora que no estás,
¿a quién voy a llamar para explicarle las dificultades por las que pasa mi niña?



¿Sábes tú si las lágrimas también tienen fin?
¿Puedes decirme si es justo que tu ausencia oprima mi corazón y me haga sentir tan sola?