Sábado 21 de mayo, 07:00 horas de la mañana
Hubo una vez un hombre que me animó a subirme a su vagón, y me lo pensé mucho. Él a cambio me prometía amor eterno, y me lo pensé. Me dijo que yo era lo mejor que le había pasado, que le daba la vida y que él estaba dispuesto a dejar parte de la suya por mi, y me lo pensé, tantas palabras me abrumaban.Aseguró que era mi talismán y que me iba a hacer la mujer más feliz del mundo porque así se sentía él a mi lado, y no sé cómo ni en qué momento subí el primer escalón hacia ese tren.
Entonces empecé a soñar con los mundos maravillosos que me quedaban por descubrir a su lado, dejé parte de mi equipaje en la estación, porque creí que podía cambiar parte de aquello que ocupaba mi maleta por algo nuevo, algo distinto, y porque estaba claro que con tanto amor todo se podía superar.
Hoy he sabido que algo tan simple como el tiempo, algo con tan poco peso como los días, es suficiente para acabar con los sueños y parar hasta el tren más especial. El tren avanzaba lento, muy lento, y sin embargo el amor crecía rápido, cómo lo sujeto, cómo lo hago? Mi desesperación, mi angustia en algunos momentos, apreciada, reconocida, hablada, expresada, manifestada abiertamente sólo ha provocado que el tren se parase. Y ahora qué?
Después de este rollo sobre raíles, ahora sólo me queda reconocer un error, ese impulso que me mata, y un deseo, que no se baje nadie del tren.
No sé muy bien cómo hacerlo, hoy no soy persona, soy un trozo de carne abierta por la mitad, que se ahoga con su propio llanto, pero si tú tienes el valor de no levantarte de mi lado, yo tendré la paciencia que tú pides,me quedaré a tu lado el tiempo que haga falta, seguiré esperando el relevo, seguiré luchando por una ilusión, seguiré proponiendo ideas, buscaré contigo las soluciones y seguiré amándote como me has enseñado.
Todo eso, a sabiendas de que ello me costará caro, que me lo tendré que trabajar duro, que en cualquier momento me asaltará el recuerdo de las palabras dichas, la angustia y el miedo a que se vuelva a parar, pero decidida a pasar por ello porque sé que la recompensa merece la pena. Porque nunca quise como lo hago ahora, porque has conquistado mi corazón, porque ahora es tuyo y no sé cómo vivir sin tí. Porque te necesito en el asiento de al lado, recorriendo el camino cogida de tu mano. Es lo único que sé.