

Cuando menos te lo esperas, lo encuentras. Smirty ha sido mi paciente conciencia a lo largo del camino.




Allí, a las 13 horas puntual estaba yo. Un pelín helada porque en pleno Diciembre eso de estar en la sala desnuda, por muy calentorra que llegase, no mantenía mi temperatura corporal. Después de unos cuantos sobes empecé a entrar en calor, o empecé a estar más calentorra, no sé, solo recuerdo que los pies no llegaron a tonificarse en ningún momento.
- Ya está aquí, ha llegado, le digo que pase? -dijo Fran.
- Quién, de qué me hablas?
- Te dije que vinieses el jueves porque ese día él podía hacer frente a tus necesidades. Él ya está aquí. Yo le paso y me voy. Es una cita a ciegas.
- Pero Fran, no sabía nada, no me dijiste nada de esto. No es lo que yo imaginaba. Me va a gustar?
- Creo que sí. Es un portentado.
- Vale, pero no me dejes sola, por si acaso no es mi tipo.
- Bueeeno, me quedo hasta que me hagas una señal.
Entonces, sin más dilación Fran sale de la sala y oigo que dice: "pasa, te está esperando".

Entonces, tras la orden de tumbarme boca arriba, prácticamente desnuda sin más tapujos que mi mini-tanga, baja las persianas de la habitación quedándonos en penumbra, rodea la camilla, se sienta a mi cabecera, me pone las manos en los hombros y acerca su boca a mi oído. Muy bajito susurra: "lo que voy a hacer ahora sólo lo haré si te sientes agusto, si no supone tensión para tí, si en algún momento te sientes incómoda por mis movimientos sólo tienes que decirlo y paro, cierra los ojos, respira tranquila y disfruta de este momento. Es sólo para tí".

"Hoy he aprendido una lección muy importante sobre el comportamiento del ser humano.
El hombre es capaz de hacer el mayor daño posible e inimaginable con tal de superarse asimismo. Y para ello no duda en dañar de manera totalmente gratuita incluso a las personas que le quieren y le admiran. De esta forma, aprovecha para que los demás carguen con sus frustraciones no superadas, poniendo en marcha el famoso truco de la tortilla y haciendo creer al otro que la culpa de todos sus males radica en los fallos de los demás. Así, hasta el hombre de espíritu más elevado, consigue sacarse de encima el problema que le afecta, proyecta toda su rabia, se descarga y finalmente se sale con la suya, que en principio le debe procurar ser más feliz a partir de entonces.
Esto, lejos del principio de compasión, puede adornarse de tal manera que sea imposible discernir entre el “favor” que tratan de hacer a su víctima y el verdadero egoísmo propio de los hombres. Incluso, pueden hacer creer al atacado que parte de su incapacidad para superar ese problema tiene que ver con la mala actitud del otro, que en realidad no es otra cosa que la misma incapacidad y el mismo problema, pues cuando existe reincidencia es bastante fácil imaginar que los dos tienen el mismo problema que superar. Exactamente igual que uno cae ante determinadas circunstancias, el otro cae y recae. Es posible que el pobre de espíritu, además, lo haya deseado antes, pero casi seguro que jamás traicionaría el deseo del otro si no percibiese el mismo deseo.
Si se es un poco inteligente y se tienen tablas, es posible que todo esto se diga y haga en nombre de alguna presencia de carácter superior, bajo sus consejos más directos, y entonces provoquen una total falta de seguridad en la otra persona, que les hará pensar que no sólo son viles humanos sin principios, sino que además son espíritus inferiores jodiendo la vida de otros con más derechos que ellos.
Si además, el inteligente, por su posición y entorno, está bien protegido, el caso está cerrado, pues dormirá y descansará sin ningún problema; al sujeto problemático lo ha sacado de su vida, aunque en su interior sepa que el problema no desaparece tan fácil, pues mañana aparecerá otro pobre de espíritu que le puede hacer pasar por lo mismo.
Algún amigo me dijo que así empezaban las guerras. Debe de ser cierto que cuando un ser humano desea algo que no posee y trata de arrebatarlo por la fuerza, comienza un litigio sin fin. Pero cuando el pobre de espíritu, que también es otro ser humano, es capaz de reconocer la estrategia utilizada por su atacante, no sólo consigue superar el golpe sino que además puede ganar su propia guerra, porque el PERDON seguro que eleva su yo más profundo.
De manera que, en el fondo, la no acción, reacción desmedida y abuso intelectual no parecen el mejor camino para superar frustraciones ni para amar al prójimo. Por el contrario, la paciencia, la ayuda desinteresada y la acción –que a veces implica un esfuerzo desmedido por parte de uno mismo sin necesidad de hacer daño ni de alejar al problemático- pueden ayudar a ser mejor persona y casi seguro mejor ser.
La GUERRA se ha acabado porque ni siquiera va a empezar. A estas alturas, y después de lo que he aprendido sobre el comportamiento humano, prefiero “buscar” la paz."

Ha pasado casi medio año, y mira que he tenido ocasiones para acariciar el teclado. Demasiadas actividades y demasiado miedo. Esto de abrirse en canal es muy terapéutico pero hay que echarle un par. Son mis resistencias, que diría una amiga. Cada vez que necesitas hacerlo te surgen mil y una "obligaciones" que hacer: tienes que poner la lavadora, hacer una tarta, mechar la carne, pasar la aspiradora, cambiar el agua al pez....en fin deberías incluso pasarte la epilady antes de ponerte a escribir.
He sumado amigos, conservado los de antes con mucho esfuerzo y perdido alguno, pero está compensado. He descubierto que mi ser puede amar con la misma intensidad a varias personas y que mi vida es plena cuando ellos están. Debo y puedo disfrutar de lo que tengo.
Claro que quedan trabajos pendientes, pero el 2008 será otro año.
Ahora, me prometo a mí misma esprimir lo que queda del 2007 y volver a casa por Navidad. Estar al lado de mi apéndice, que a sus cinco años es el amor personificado, junto a la que he aprendido infinidad de lecciones en menos de 365 días, y despedir el año a base de fiesta pa mi cuerpo.
