jueves, 10 de septiembre de 2009

Una nota de amor

Alguien ha dejado esta noche una nota en el centro mismo de mi pensamiento que decía:
"te quiero"
Cómo voy a responderte si aún no te conozco, si no he oído tu voz, si no he besado tus labios?.
Sólo he podido ver tus ojos profundos, tranquilos, atravesándome. Eran de color miel.

Julio 2009

Hay un hueco

Tengo un hueco profundo en el centro del pecho, en el mismo esternón, que quizás nunca se vea completo. Se me olvida que está ahí cuando veo a mi niña, la beso y la acaricio. No me acuerdo cuando estoy rodeada de mis amigos y de mi familia. Pero en momentos como éste, cuando parece que tapar ese hueco llevará acaso más tiempo del deseado, es cuando siento la presión de su falta. Quiero pensar que algún día se llenará. Ese día alguien me mirará a los ojos y antes de decir nada habrá pensado "amo a esta mujer". Yo le estaré mirando y sin abrir la boca me oirá decir "amo a este hombre".

Agosto 2009

miércoles, 24 de junio de 2009

Be water

Tú eres la felicidad en sí misma.
Tú tienes la respuesta a todas tus dudas.
Tú sabes disfrutar de la vida. Tú tienes el deber de disfrutarla.
Tú quieres ver feliz a los tuyos, y ellos a tí.
Sé feliz con lo que tienes y con lo que no tienes también.
Lucha por tí, que los demás estaremos a tu lado para aplaudirte.
¿Quieres dejar de llorar? Pues hazlo.
Be water

martes, 28 de abril de 2009

Recuerdo que...

Recuerdo que tuve un novio con veinte años que me preparaba colacao fresquito en pintas de cerveza para recuperar las fuerzas entre polvo y polvo...ummm ¡qué rico estaba!. Me bailaba, me cantaba en play back y me traía uvas a la cama. Un encanto.

Recuerdo que hace veinte años celebré mi cumpleaños con mis amigas cenando hasta que empalmé la cena con una juerga imprevista al lado de un periodista deportivo (entonces despuntaba, hoy está algo más reconocido) y un equipo de baloncesto. Yo, metro y medio mal medido, bailando y bebiendo con todo el equipo de chicarrones en un garito muy famoso de Madrid, hasta que, borrachos mi amigo y yo, terminamos en aquel coche fantástico con suspensión manual, probándome el conjuntito de ropa interior que me habían regalado mis amigas. Jajaja, ¡qué desparrame!.

Recuerdo que una vez al día recibía una llamada interior desde el teléfono de un compañero secreto, e inmediatamente comenzaba un ritual basado en la escapada furtiva al ascensor de la consejería so pretexto de sacar un café de la máquina. Nos encontrábamos en aquel habitáculo cerrado y móvil, pasando de la última planta del edificio al almacén del sótano, y allí nos abalanzábamos el uno sobre el otro, nos sobábamos y nos comiámos la boca, el corazón se me salía del pecho, la adrenalina recorría mi circuito y se me empapaban las bragas. Por institnto, me arreglaba el pelo, me secaba la boca y salíamos del ascensor charlando amigablemente sobre cualquier tema intrascendente que se nos ocurría, sacábamos la coca-cola y el café al más puro estilo CámaraCafé y retornábamos al ascensor para repetir la escena de bajada pero en sentido contrario. Nos despedíamos con una mirada cómplice y regresábamos cada uno a su sitio. ¡Ufff, qué calores!.

Recuerdo que tomaba baños de espuma en mi bañera junto al padre de mi hija, y para que yo no dijese que aquello no era glamouroso, él conseguía convertir la bañera en un yacuzzi natural, a base de aires corporales.¡Qué risa!.

Recuerdo que a menudo me llamaba un amigo para darle a la sinhueso sin límite de tiempo, una hora, una hora y media, dos horas.... unas veces hablaba yo sola, otras le tiraba de la lengua a él, hasta que yo empezaba a bostezar, se me abría tanto la boca que me podía ver a través de la línea de teléfono, momento en el que se daba por satisfecho y me mandaba a la cama. Conversaciones ligadas, mutuo entendimiento, complicidad y mucha mucha confianza para decirnos cualquier cosa. Recuerdo que hasta las broncas, que las hemos tenido, han merecido la pena. ¡Qué gusto tener amigos así!.

Cuando tengo un rato tranquilo, recuerdo, recuerdo siempre momentos buenos y agradables porque los malos recuerdos prefiero aparcarlos en un cajoncito de mi cerebro bajo llave, esos otros ya se activan solos cuando menos te lo esperas.

Y los sueños, sueños son

Fuera en la calle soplaba el viento y se acercó a cerrar las puertas correderas del salón porque se estaban volando las cortinas. Al mirar a través del cristal, vió que había mucha gente en la calle, paseando por en medio de la calzada.

- Pero bueno, con el día que hace, ¿qué hay hoy en la calle para que todo el mundo salga, es Semana Santa?

- Síiii, mamááááá, estamos en Semana Santa- gritó la enana de seis años desde su habitación-. Hoy hay "profesión", o no lo sabes?.

"Ah! claro, por eso ha salido todo el mundo fuera. Con lo bien que se está en casita, se va a poner a llover de un momento a otro."- pensó con una sonrisita en la cara. Tranquila y melancólica miraba el ir y venir de la gente y esperaba que se cruzase el famoso paso del Cristo.

En cuestión de segundos no daba crédito a lo que veía. Ahí, al otro lado de la calle, inmóvil, mirándola fijamente, estaba Él. Sin pensarlo dos veces abrió la puerta de un golpe y salío corriendo a su encuentro. El frió le dió en la cara, pero no lo sentía, a pesar de llevar tan solo una camisa y un vaquero no podía pensar en perder el tiempo para coger un abrigo. Le llamó a gritos mientras se acercaba, pues el bullicio de la fiesta podía hacerla perder a su "jefito". El la esperó clavado en su sitio. Cuando estuvo a su altura se lanzó a su cuello y se colgó de él, que la cogió en volandas como si de una niña pequeña se tratase. Y así, en sus brazos, con las piernas rodeando su cuerpo y apretándose a su cabeza le besó en la cara, en los labios, en el cuello. Su corazón latía mucho más allá de lo permitido, su alegría superaba lo infinito, sus ojos llenos de lágrimas no podían verle, pero podía olerle y sentirle. Él también la abrazaba con fuerza.

- ¿Cómo has llegado hasta aquí? ¿Por qué nos hiciste creer que habías muerto?. No tienes ni idea de lo que hemos sufrido por tí. Perdona, perdona, perdona, perdona por haberte perdido el respeto, por haber huído, por haberme refgiado en otros hombres, por no comprenderte, por no amarte lo suficiente para haberte entendido, sabes que te quiero y ahí dentro está tu hija, ella te necesita, ¿cómo has sido capaz de abandonarla?. Ve a casa y dila que has vuelto para estar con ella.

- Os quiero, tuve que hacerlo, por vosotras. Te he querido tanto y te quiero, y quiero tanto a mi hija que no puedo permitir que os pase nada por mi culpa. Tuve que hacerlo. Ellos me obligaron. Me tengo que ir, ahora definitivamente.

-¡Noooo!, ¡No, otra vez no! por favor.... Las lágrimas corrían por sus mejillas, imposible de contenerse, se ahogaba.

- De lo contrario tendría que matar al hijo. Ellos querían que matase al hijo de Dios. No lo hice y ahora voy a pagar por ello.
Llegaba el paso del Cristo en la Cruz, bailado por cincuenta costaleros, guardado por los fieles y seguido por las mujeres de luto. Entonces, sacó la pistola de su abrigo.

No podía ser, no ahora. De entre la multitud aparecieron tres hombres trajeados de negro y gafas oscuras, sacaron sus armas y apuntaron a su marido. Ella gritó hasta perder la voz, un ¡NOOOOOOOO! irrepetible pero ahogado por los tambores de la procesión. Entonces Rubén apuntó al Cristo. No entendía nada, por qué apuntaba a una imagen, a quién quería matar,Dios ya sangraba por su costado, cuál era su misión en la tierra. Por qué iba a morir por segunda vez. Sonaron los disparos que acertaron al corazón de su marido, que cayó desplomado, fulminado.

- Lo hice por vosotras. Os quiero. Perdonadme por tanto dolor. Dila que la quiero.

No iba a disparar a Jesús. No iba a matar al AMOR. Ha venido a despedirse -sonaban las palabras en su cabeza. Seguía llorando por él, de rodillas en el suelo, tapándose la cara con las manos, pero esta vez con calma. Hacía frío. Soplaba el viento. Llovía.

miércoles, 22 de abril de 2009

Lágrimas rojas


¿Se puede llorar sangre?, sin ser una imagen de Cristo ni de la Virgen, sin llamarse el Salvador ni atribuirse milagros, o sea, siendo una persona normal y corriente.




Pues ella lloraba amargamente, sangre, por su hija perdida, por su marido que no atinaba a colocar el vídeo de VHS (que no entendía muy bien por qué había comprado un VHS nuevo si solo tenían DVD's), por aquella habitación en 3D, toda pintada de negro con una luz lateral y una ventana. Por las palabras de su niña que venía a socorrerla, porque él se empeñaba en una inutilidad...




Sin embargo, no estaba triste. ¡Qué locura!

miércoles, 8 de abril de 2009

DÓNDE ESTÁ MI COCHE?

Allí, sobre el sofá desnuda, con una manta y la televisión en el Canal Plus, ella pensaba:
"Jooder, dónde he aparcado el coche, creo que está justo en una paralela a esta calle, pero mira ahí arriba, por la claraboya del techo, está lloviendo a cántaros y yo con esa chaquetita, !qué frío!. Bah!, venga, me quedo, lo voy a intentar, a lo mejor se anima el cazurro éste... si le meto un poquito mano... no se va a resistir. Además, ¡qué coño!, me ha dejado con un par sin haberme "enterao" ni del nodo, pero.. ¿cómo puede un tío con su edad meterla y sacarla como un conejillo en esa postura odiosa?, que una ya no tiene la elasticidad de los treinta para levantar las piernas en noventa grados sin que le tiren todos los músculos del cuerpo. Aguanto estoicamente sin quejarme, con los pies cuan bailarina, ¿para qué?, ¿para ver la tele?. ¡Cinco minutos!¡Cinco minutos!, mierda de plan. A éste le espabilo yo, pero no me puedo quedar en este sitio curtre toda la noche sin por lo menos echar un kiki en condiciones. ¡Qué mala suerte tengo!. Esto no me está pasando a mí... pero ¿este tío de dónde ha salido?. No me extraña que la mujer se des-enamorara, con este arte para follar...se le baja a una la líbido y cualquier cosa más".
...dos horas después, ronquidos y gruñidos aparte...
"Ufff, pues vaya nochecita, hasta miedo estoy pasando. Debo ser masoca porque quedarse aquí, al lado de este cacho de carne con ipod y cascos incluidos, en la misma cama, helada de frío y sin follar, esto es una prueba seguro. Dios mío como está el patio, aquí sí que vale el refrán de "más vale pájaro en mano que ciento volando", para que luego me venga mi quieridísima Mari a decirme que tíos como Lucas hay a patadas. Pues de eso nada guapa, al menos mi Lucas se lo monta muy bien en la cama, y en el sofá, y en el suelo, y..., en fin, que lo hace muy requetebién. Mañana le llamo, que ya le estoy echando de menos".
Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia...
o le ha pasado a alguien y no lo ha contado seguro

sábado, 28 de marzo de 2009

Capítulo IV. Vuelta a empezar. Descubriéndome



- Has empezado un capítulo nuevo?


- Sí, Smirty, así es. Era el momento adecuado.


- Me alegro, enhorabuena por tu decisión. Creo que esta vez has decidido a tiempo. Eso se merece una loa porque has superado un obstáculo hasta ahora penoso para tí; el de decir basta y hasta aquí a tiempo. Por primera vez has dejado tus miedos, tus penas y tus culpas aparte y te has enfrentado a la realidad.


- Nunca es tarde. Aunque te puedo decir que sigue siendo triste.


- Todas las despedidas son tristes, aunque también pueden ser liberadoras. Esta vez, además, has sido capaz de dar el paso honestamente contigo misma. Casi caes en la tentación de buscar apoyo, pero apostaste por tí y por la honestidad. Estoy orgullosa de tí.


- Gracias Smirty. Debo decir que sabía que tú estarías ahí. Tú y mi hija. Mi vida cobra sentido en la misma proporción en que crece ella. Me estoy haciendo mayor (que no vieja, eh?). Mis años me han costado. Siete capítulos con finales tristes y clímax un tanto tortuosos. Sin embargo no puedo dejar de sentir la felicidad de haberlos vivido. De haber llegado hasta aquí.


- Vives el regalo de Dios, aprovéchate y disfrútalo. Creo que vas por el buen camino.





Capítulo I. Nací y crecí desesperadamente
Capítulo II. No soy una adolescente normal. Primer enamoramiento
Capítulo III. Me caso ¡que alguien me pare!. Primer gran desastre
Capítulo IV. Segundo enamoramiento. El dolor del adiós
Capítulo V. El padre de mi hija. Segundo gran desastre
Capítulo VI. Tercer enamoramiento. Me hago mayor
Capíitulo VII. Vuelta a empezar. Descubriéndome

martes, 10 de marzo de 2009

MUJER MUJER

Para ti, mujer abnegada, mujer trabajadora,
para ti mujer, va hoy esta flor y mi canción.

Para ti, dulce, tenaz y sacrificada luchadora,
para ti, todo mi resperto y toda mi admiración.

Los solidarios nos mencionan a mujeres famosas,
nombres grabados a fuego y oro en la historia
cantan loas a sus logros, a sus grandes cosas,
nos hablan de sus virtudes y de sus memorias,
pero yo quiero cantarte a tí, silenciosa luchadora
que te levantas la primera, al atisbar los rayos del sol
mujer de mil nombres, de mil caras, de mil horas,
compañera en la lucha y con tiempo aún para el amor.

A tí, que día tras día vas al hospital, a la oficina,
al campo, a la fábrica, a la calle, al mundo a remar.

A tí, que aunque llegas a casa extenuada, rendida,
todavía guardas una sonrisa y reservas para amar,
me viene este canto de lo más profundo de la vida.

Acumulado estaba el homenaje a tan maravilloso ser,
muchos versos había escrito, pero a tí te lo debía
madre, hermana, esposa, hija, compañera...mujer.

(Para tí, mujer trabajadora. Julio César Pavanetti Gutiérrez)

miércoles, 28 de enero de 2009

EN PRETÉRITO




Hubo un tiempo en que sólo pensar que aquello que sentía podría ser real me producía un miedo infinito. Prefería creer que esa atracción era fruto del subconsciente, o del inconsciente o una ilusión fundada en estúpidos sueños sin sentido. Pero el hecho es que allí estaba y ella era mi amiga.

Eso es, tú lo has dicho, ¡ES TU AMIGA! ¡A-MI-GA!. No es tu novia, ni tu amante, ni tu hermana, ni tu prima. No, no señor, es TU AMIGA.

Podía oler su perfume, su melena caoba le tapaba media cara y al respirar emitía un leve ronquido desde su garganta. Tenía su culo pegado a mi pierna, ardía y yo estaba helada. Entonces giré despacito la cabeza y la miré cómo dormía. Podría haberle apartado el pelo de la cara, o moverla un pelín la cabeza para que respirase bien, pero entonces se hubiesen desatado los demonios y habría acabado besándola, estaba muerta. Cómo la iba explicar aquello que me atormentaba.

Duérmete Nör, tranquilizate, piensa en lo bien que lo habéis pasado esta noche. Joder qué risa nos hemos echado, bueno, quitando el momento en que esos bestias vestidos de camioneros yankees se han puesto a darse de hostias y te ha tocado un puñetazo por estar a su lado. Menos mal que ha sido la excusa perfecta para que el buenorro del camarero se deshiciese en atenciones con nosotras y al final nos ha salido la noche gratis. Con Carmen la noche está asegurada.


No quería una relación, quería a mi amiga. Quería que esa noche fuésemos la una para la otra, y que al día siguiente saliésemos de nuevo a cazar guaperas. Además, ella era la única que no se escandalizaba, me echaba una sonrisa, levantaba las cejas y ladeaba la cabeza en un gesto de "que lés den por culo a todos vete y fóllatelo, echa uno a mi salud", y al día siguiente no preguntaba.

Ella tenía ese atractivo de las casi feas, el desparpajo, la frescura, la chulería y el ingenio de las hechiceras y un toque agresivo en la mirada de las seductoras, o bordes, depende de cuál fuera el plan.

Sabía que eso terminaría algún día. Que mi entrega, mi admiración, mi sentido de la posesión y mi entrega, que mi infinito amor por ella tocaría techo y se esfumaría. Sabía que nos apartaríamos tarde o temprano. La culpa la tuvo el verano, el primero en el que definitivamente yo trabajaría de becaria en una redacción. Aquellos meses rodeada de periodistas, corresponsales, traductores, teletipos, reuniones, fiestas, ligues, más fiestas, más ligues, cuarentones en su punto, becarios resalaos, jefes convertidos en cómplices... y una ausencia. La de Carmen. Cuando quise recuperarla era demasiado tarde. La magia se había acabado. Un medio novio pululaba al su alrededor y no me quedó más remedio que procurarme yo uno rápidamente o, después de tanto desboque, no podría quedarme en casa ni un solo fin de semana, y la verdad, la idea de convertirme en carabina-añadida no me seducía demasiado. Carmen salió de mi vida sin nisiquiera darme un beso.

No fue la primera, y presumo que quedan pocas a-mi-gas por llegar que hagan palpitar mi corazón. Nunca he confesado mis sentimientos, por vergüenza, pudor, respeto o vete a saber cuántas excusas más. Pero seguro que el miedo acabará con cualquier confesión.

Si aquella noche ella hubiese abierto los ojos y me hubiese preguntado, y si yo hubiese tenido el valor de decirla cuánto me gustaba, por qué la consideraba algo más que una amiga, o qué era lo que me atormentaba, quizás hoy hubiésemos cogido el teléfono para charlar un ratito, poner verde a algún idiota de turno y reirnos hasta la próxima llamada.

Hoy he echado de menos a mis Cármenes.